16 septiembre 2014

Las sophomore


Siempre que está a punto de comenzar una nueva temporada deportiva, llegan las inevitables previas sobre los equipos que se presentan a priori como favoritos para ganar el campeonato, sobre los jugadores que pueden dar un salto con respecto a su rendimiento el año anterior y sobre las estrellas a las que más se va a exigir en los siguientes meses. También se suele dedicar un espacio a intentar adivinar cuáles de los novatos que se estrenan en la liga pueden tener un mayor impacto, y cuáles de los rookies que sorprendieron la temporada anterior pueden no sólo mantener el nivel, sino elevarlo y afianzarse como sólidos profesionales, o ascender a la categoría de la estrella. El año sophomore nunca es fácil; el factor sorpresa y de novedad ya no juega en tu favor, tampoco se tiene tanta paciencia contigo porque aún estás adaptándote y vas a estar más vigilado para ver si mantienes el mismo rendimiento del primer año.

Esto vale tanto para los deportistas, como para los grupos que sacan su segundo disco o las series que estrenan una segunda temporada después de haber logrado el éxito en su debut. Este mismo verano hemos estado viendo los riesgos que entraña el año sophomore con “Masters of Sex”, a la que le han salido más críticos dispuestos a sacarle defectos a una serie en la que sólo veían virtudes en la primera temporada (también ha ocurrido algo así, en parte, con “Orange is the new black”). Independientemente de la calidad, cualquier título que sea recibido con grandes elogios en su primera temporada debe prepararse para una buena tunda en la segunda, como si los espectadores ya se hubieran cansado de él, y especialmente si en el hiato entre una entrega y la otra ha adquirido bastante más popularidad. El factor de “el disco bueno de Blur es ‘Modern life is rubbish’” nunca hay que descartarlo.

En apenas unos días, comprobaremos si dos de los estrenos en abierto que mejor funcionaron el año pasado consiguen retener la atención del público, y su buena voluntad, o si se despeñan ante el empuje de alguna serie nueva que llame más la atención de los espectadores. La NBC confía casi ciegamente en que “The Blacklist” confirmará su estatus como gran éxito de la cadena y que podrá hasta aumentarlo. Han sido inteligentes, desde luego, en no separarla tan rápido del paraguas de “The Voice” y en otorgarle el preciado hueco post-SuperBowl para afianzarla más antes de lanzarla en solitario los jueves a partir de febrero. Creativamente, la serie vive demasiado de las hazañas de Reddington y no está claro que vaya a atreverse a sacudir de verdad el estatus quo, pero tiene potencial para apuntalar su posición como éxito real de NBC.

Y en FOX, mientras tanto, esperan que una de las revelaciones del pasado otoño, “Sleepy Hollow”, continúe atrayendo a la suficiente audiencia para que sacar un poco a la cadena del pozo en el que cayó la temporada anterior. Las peripecias de Ichabod y Abbie llevan fuera de emisión desde principios de enero, así que será interesante ver si logran que sus espectadores vuelvan (y si han convencido a algunos nuevos que hayan visto la primera temporada durante sus vacaciones). La serie fue uno de los éxitos de 2013 por lo inesperado de que saliera bien, y fuera tan disfrutable, una historia que mezcla la Revolución Americana con la llegada del Apocalipsis, pero conseguir el equilibrio entre lo ridículo y lo entretenido es más complicado de lo que parece, y el entramado de “Sleepy Hollow” puede derrumbarse en cualquier momento. ¿Se habrá cansado la audiencia de sus locuras, o el encanto de su pareja protagonista será suficiente para atraparla de nuevo?

15 septiembre 2014

La sombra de Nueve

Marzo de 2005 es la fecha en la que empezó la nueva era de “Doctor Who”, la etapa en la que Russell T. Davies resucitaba y renovaba para una nueva generación a toda una institución de la televisión británica, una serie que estaba hecha para que padres e hijos se reunieran delante de la tele los sábados por la tarde. Aquella primera temporada descansaba sobre los hombros de un actor con experiencia y plenamente reconocido como Christopher Ecclestone, alguien que le daba cierta pátina de respetabilidad a la vuelta de una serie que muchos espectadores asociaban a un programa cutre para niños, uno al que los adultos no hacía falta que dedicaran ni dos minutos de su atención. Esas aventuras al lado del Noveno Doctor, sin embargo, tuvieron un gran éxito y pavimentaron el camino que se ha seguido en las ocho temporadas que hemos visto hasta ahora; se busca la diversión, los monstruos originales, unas acompañantes con más personalidad y se explora el lado oscuro del Doctor, pero jamás se olvida la tradición de la serie clásica y las líneas que William Hartnell delimitó como el Primer Doctor en 1963.

Davis primero y Steven Moffat después fueron metiendo “Doctor Who” por diferentes caminos, lo rejuvenecieron en apariencia con David Tennant y Matt Smith (dos desconocidos al asumir el papel), potenciaron la serialización, bebieron de las enseñanzas  de Joss Whedon y vieron cómo Estados Unidos acogía con los brazos abiertos, por fin, al loco de la caja azul. Puede no ser allí más que un título de culto de los que son muy populares en Comic-Con, pero no tienen un seguimiento como el de “The Walking Dead”, pero haber conseguido colarse en la portada de Entertainment Weekly y en algunos late-night shows, además de haberse visto referenciado hasta en “Anatomía de Grey”, es una buena muestra de que el Doctor ha salido definitivamente de los confines de las islas británicas. Por el camino, “Doctor Who” se ha vuelto más espectacular y ha celebrado el 50º aniversario de su estreno y, curiosamente, para la temporada de su 51º año, se ha optado por volver al principio.

La elección de Peter Capaldi como Doce es una opción a lo Ecclestone, con un actor más mayor y muy conocido y admirado, y los cuatro episodios que se han emitido hasta ahora de la octava entrega no hacen más que acrecentar la sensación de que Moffat se ha dejado inspirar por la primera temporada de la época moderna para afrontar la que, dicen, podría ser su última entrega al frente de la serie. El segundo episodio de las dos giraba en torno a daleks con los que el Doctor tenía que enfrentarse de un modo muy íntimo, y hasta dejó un paralelismo que los fans fueron raudos en encontrar. La sensación que dejan los capítulos (cuyo ritmo se ha ralentizado, al igual que Capaldi es un Doctor menos frenético que los de Tennant y Smith) es de un nuevo descubrimiento, de la búsuqeda otra vez del sentido de la aventura y la diversión sólo por la aventura y la diversión, de que Doce está reencontrando la esencia del personaje y de la serie. Hasta la siembra del misterio de la temporada, la Tierra Prometida, se está haciendo por ahora de un modo no demasiado diferente de cómo se presentó el de Bad Wolf con Rose y Nueve, con pequeños detalles aquí y allá en cada episodio.

Hay muchos rumores sobre la continuidad de todos los implicados más allá de esta octava entrega, pero mientras tanto, es curioso darse cuenta cómo, después de que Moffat iniciara su reinado empezando casi de cero y construyendo su propio mundo dentro de la serie, casi cuatro temporadas después haya decidido echar la mirada hacia atrás, a otro Doctor que dudaba sobre su verdadera naturaleza como Nueve. Y también es curioso comprobar cómo los espectadores parecen haberse vuelto más serios desde 2005, descartando capítulos ligeros y que apuestan por las tontunas divertidas, como “Robot of Sherwood”, como pérdidas de tiempo absolutas. No entrará en ninguna lista de los mejores episodios de la serie, pero ese entretenimiento sin más, lleno de chistes tontos y referencias literarias y cinematográficas (impagable el momento “El capitán Blood” de Robin Hood), también es “Doctor Who”.

14 septiembre 2014

Cuando Andrew encontró a Eliza

El otro día comentamos cómo las comedias románticas habían huido del cine y habían encontrado acomodo en la televisión, y cómo hay varios estrenos del otoño que encajan en  las convenciones del género. El caso más claro es "A to Z", que desde el principio recuerda inevitablemente a "(500) días juntos" por su apunte de que va a contar los ocho meses de relación de Andrew y Zelda, porque él es un romántico que trabaja en una empresa de citas online (no escribe tarjetas de felicitación) y porque ella no cree en el destino, pero decide darle una oportunidad. Detrás de la comedia está la productora de Rashida Jones y Will McCormack, y su principal baza, como ocurre en toda buena rom-com que se precie, es la gran química entre sus protagonistas, Ben Feldman y Cristin Milioti.

Milioti ya mereció más tiempo en pantalla del que tuvo en la última temporada de "Cómo conocí a vuestra madre", y forma con Ben Feldman una pareja adorable, simpática y de la que es difícil que nos cansemos. Ésa es una de las claves de estas comedias románticas televisivas; sus personajes no tienen que agotarnos, tenemos que querer verlos durante veinte minutos todas las semanas a lo largo de los años, y realmente tienen potencial para conseguir algo divertido y moderno. De hecho, con un esquema muy clásico, "A to Z" tiene una apariencia más fresca y moderna que "Selfie", la comedia de ABC sobre una joven obsesionada con contar lo maravillosa que es su vida a través de autofotos en Instagram, actualizaciones en Twitter y en Facebook, hasta que un día se da cuenta de que, en realidad, esa vida está vacía y esos amigos son de verdad virtuales. Y recurre a un compañero de trabajo para que sea su particular Pigmalión y la ayude a cambiar, a dejar de ser tan superficial y de pasar el día sólo pensando en el selfie que puede sacar en cada momento.

También tiene la ventaja de que Karen Gillan y John Cho tienen buena química, pero el resto de la serie aún tiene que situarse a su altura. Gillan es, básicamente, una actriz cómica que, sin embargo, se hizo famosa acompañando a Matt Smith en "Doctor Who", y lo que necesita es que su personaje vaya adquiriendo más matices. Es un movimiento curioso que, después de Amy Pond y de "Guardianes de la galaxia", Gillan vaya a protagonizar una sitcom en ABC, pero tal vez eso es también un signo de que la frontera entre cine y tele es más permeable que nunca. O quizás es que la tele tiene más hueco para alguien como esta escocesa, que midiendo casi 1,80 y siendo guapa y pelirroja, puede hacer algo diferente en las series, sin quedarse sólo en papeles de novia de (aunque tiene una cinta de terror, "Oculus", también pendiente de estreno fuera de Estados Unidos).

La clave para "A to Z" y para "Selfie" estará en ver si los espectadores quieren ver rom-coms en televisión, si compran la relación entre sus protagonistas y sus guionistas sacan más provecho al humor. Ambas tienen potencial, a pesar de que el piloto de la de ABC no es demasiado destacable, pero es una incógnita intentar adivinar por dónde evolucionarán. A priori, la de NBC tiene más posibilidades, pero nunca se sabe si se estancará y será "Selfie" la que sepa cómo crecer, o al revés.

Música de la semana: Uno de los momentos más simpáticos de "Selfie" es cuando las compañeras de Eliza la ayudan a arreglarse para una boda y cantan "Bad romance", de Lady Gaga. La cantante estadounidense sorprendió a bastantes de sus fans al grabar varios duetos con Tony Bennett, veteranísimo crooner. Una de aquellas canciones fue "Anything goes".