03 septiembre 2015

Netflix mató a la serie maratoneable


"Netflix popularizó el binge-watching, así que, ¿por qué está intentando matarlo?" Con este titular, Screen Crush publicaba hace unos días una reflexión sobre el nuevo modo de narrar que estaban poniendo las series de Netflix, principalmente, y que se deriva del hecho de que los espectadores tienen a su disposición toda la temporada de golpe el día de su estreno. Esta táctica responde a las costumbres de los usuarios del servicio, que como sólo tiene series o temporadas completas en su catálogo, lleva a que, si alguien se engancha a ver, por ejemplo, "Breaking Bad", se la vea de una sentada, en cómodos bloques de cinco o seis episodios. Era lógico que, cuando se estrenó "House of cards", lo hiciera de esa manera, y en aquellas primeras semanas, los medios estadounidenses no hablaban más que de si este maratón de capítulos, este binge-watching, iba a cambiar la manera en la que se veía y en la que se producía televisión.

Dos años más tarde, el "método Netflix" se ha utilizado incluso por cadenas tradicionales como NBC (que lo hizo este verano con "Aquarius"), pero esa nueva forma de presentar las series al público está influyendo en los guionistas de un modo que, paradójicamente, puede hacer que no se sienta esa comezón que te hace decir "necesito ver cómo sigue esto" cuando se acaba un episodio. Esa sensación que dejan los primeros capítulos de "Perdidos", por ejemplo, o de "24", o incluso de "Alias", esas ganas de ver más que hacen que te tragues más de 20 episodios en una tarde, están fomentadas en parte por el uso de cliffhangers y de giros de guión que buscan enganchar al espectador para que regrese a la semana siguiente, para que no se olvide de su cita con la serie los martes por la noche. Cuando se ve una temporada completa de estos títulos, esa táctica se transforma en la base del maratón; si los usuarios de Netflix devoraron "Breaking Bad", fue exactamente por eso, porque Vince Gilligan y compañía ya se preocupaban de organizar los capítulos de tal modo que no te quedara más remedio que ver el siguiente.

Es cierto que la cuenta atrás de diez segundos de Netflix, por la que el nuevo episodio comienza automáticamente si no haces nada por impedirlo, fomenta el binge-watching, pero sus series están alejándose del esquema tradicional de los capítulos para favorecer tramas de más largo despliegue, que necesitan más horas para ir apareciendo ante nuestros ojos. ¿Quién no ha escuchado la frase "hasta el quinto capítulo no te das cuenta de lo que está pasando ahí" referida a "Sense8", por ejemplo? La unión de los Wachowski con J. Michael Straczynski (otro obseso de la planificación a largo plazo) dio a luz el que, probablemente, sea el caso más claro de lo que Vox denominó "una nueva forma artística", una que no es del todo televisión y que va más allá del cine. "Sense8" o "Bloodline" son historias de doce horas, no doce historias que se unen en una, o una de dos horas y media. Conocedores de que la temporada se lanzará completa el mismo día, los creadores se permiten el lujo de jugar con la estructuración de la trama, de reservarse algunas revelaciones para el cuarto episodio y dedicar los tres primeros a afianzar los cimientos de los personajes, sin tener la presión de tener que enganchar a la audiencia ya en el primer corte para publicidad.

Es una nueva manera de narrar que, desde luego, da mucha libertad a los guionistas, pero que es verdad que puede acabar siendo contraproducente para esos maratones de episodios sobre los que Netflix ha construido su imperio seriéfilo. Es curioso, por ejemplo, que "Orange is the new black" no adoptara ese método hasta la segunda temporada, una vez que la fase experimental del debut en Netflix ya había pasado. Por las primeras críticas que han ido apareciendo, parece que "Narcos" también es de cocción lenta, pero "Daredevil", por ejemplo, no seguía tanto ese esquema. Sí, su trama era serializada, con esa persecución de Matt Murdock de Wilson Fisk, pero en cada capítulo había algún problema que debía solucionarse. Tal vez en la segunda entrega opte por abrazar ese nuevo modelo narrativo de Netflix, un modelo que también es consciente de que, actualmente, las series tardan más en encontrar su público que antes. Y Netflix lo sabe mejor que nadie.

02 septiembre 2015

Las heroínas de Yonkers

El "héroe" del título de "Show me a hero" no es una persona concreta. No es únicamente Nick Wasicsko, un hombre que hizo lo correcto en un momento muy polarizado, y esa decisión lo persiguió toda su vida. De hecho, quiénes son los héroes de la miniserie va variando con el transcurrir de los episodios. En el primer tramo, la historia sí está más centrada en Wasicsko, en su ascenso al poder y en cómo, una vez se convierte en el alcalde de Yonkers, se da cuenta de que esa tozuda resistencia contra el plan de viviendas sociales impuesto por los tribunales es inútil. Wasicsko es ahí toda una figura de tragedia griega, alguien que lucha contra todo y contra todos por seguir, simplemente, el plan de acción más lógico y más pragmático. La manera en la que Paul Haggis consigue transmitir toda la tensión desplegada en aquellos plenos municipales es de lo más destacado que se ha visto este año en televisión.

En esos plenos comprobamos la utilización descaradamente electoralista de la polémica por parte de algunos políticos de Yonkers, y las casi revueltas que se montaron fuera de su ayuntamiento por parte de los vecinos (blancos) que protestaban contra el plan. Al mismo tiempo, en cuanto Wasicsko logra los apoyos suficientes para construir esas viviendas públicas, el foco de atención de la serie va variando. Él sigue siendo importante, sobre todo cuando pierde las elecciones y se da cuenta de que sigue estando solo, de que nadie quiere asociarse a él por las implicaciones polémicas que tiene todavía su nombre (un sentimiento que termina fermentando en su interior y llevándolo a hacer lo que hace al final). Pero quienes pasan a ser las heroínas de la historia son las madres que solicitaron esas nuevas viviendas, las mujeres que querían escapar de la violencia y la falta de oportunidades de los projects para buscar, al menos, un rayo de esperanza para sus hijos.

Todas esas mujeres sacan adelante a sus familias solas, bien porque los padres se desentienden por completo de los niños, o porque están constantemente entrando y saliendo de la cárcel, o porque han muerto, que también se da el caso. En ese aspecto, el personaje de Doreen Henderson puede ser uno de los más interesantes. De yonqui desesperada por un poco de crack, pasa a ser una mujer muy involucrada en el bienestar de su comunidad, y a través de ella se aprecia una de las máximas que presidían las viviendas de Yonkers: sus inquilinos tenían que sentirlas como suyas, tenían que preocuparse por ellas, y tenían que formar una comunidad en la que todos se apoyaran y en la que todos se sintieran importantes.

La relevancia de la comunidad es otro de los grandes temas de David Simon. Wasiscko acaba encontrándose tan aislado por las maniobras políticas del ayuntamiento, que se obsesiona con volver a ser importante y hace algunas cosas estúpidas, y otras bastante terribles hacia las personas que le rodean. Mientras tanto, las mujeres de esas viviendas sociales crean su propia comunidad hasta con la ayuda de Mary Dornan, cuya evolución a lo largo de "Show me a hero" es también de lo más destacable. Es una miniserie muy instructiva, muy interesante y, aunque no lo parezca, muy entretenida. Resulta muy sencillo ponerse del lado de Carmen, la madre soltera dominicana, o de Norma, la trabajadora social que está perdiendo la vista. Y también es fácil que te caiga bien Nick, y no sólo por esa lucha imposible que tuvo que pelear.

01 septiembre 2015

La sorpresa de la nave Raza

Los estrenos estivales de Syfy han pasado más bien desapercibidos en medio de toda la vorágine de series de verano, los artículos sobre si no se están produciendo demasiadas series en Estados Unidos, el récord de audiencia de "Fear the Walking Dead" y las obsesiones conjuntas por los giros de guión en "Mr. Robot" y "UnReal". Y lo cierto es han sido de lo más digno de la oferta seriéfila veraniega y, en el caso de "Dark Matter", hasta ha resultado siendo una pequeña revelación, una serie que se ha movido por caminos que rara vez seguían las ideas preconcebidas que podíamos tener sobre ella. A falta de ver el último capítulo, la primera temporada ha dejado con ganas de ver más de los tripulantes de la Raza, sobre todo en cuanto los pasados de todos empiezan a desvelarse y a volverse contra ellos.

Estos trece capítulos inaugurales se han dedicado más a eso, a contarnos quiénes son esos seis personajes al mismo tiempo que ellos van averiguando algunos de esos recuerdos que han perdido al inicio de la serie. Sobre todo, los seis tienen que hacer un esfuerzo por reconciliar, con la imagen que tienen ahora de sí mismos, esa leyenda a su alrededor de ser muy eficaces en su trabajo porque, principalmente, no tienen problema en ser brutales y sanguinarios si hace falta. Lo que sabemos del pasado como mercenario sin escrúpulos de Tres, de la venganza que mueve a Uno, del peso familiar de Cuatro, de las actividades rebeldes de Cinco y, sobre todo, de la verdadera identidad de Dos va impulsando la trama porque todos los personajes con los que se relacionaron, y a los que perjudicaron, en el pasado, vuelven con la intención de vengarse. Y es un poco difícil saber cómo defenderte si no te acuerdas de por qué quieren vengarse de ti.

Lo cierto es que la revelación sobre Dos estaba muy telegrafiada desde la primera estación espacial en el que se detiene la Raza, cuando Cuatro va al médico y, de fondo, escuchamos una retahíla de anuncios sobre cosas como clonación para viajar o la obligación de registrar a todos los androides. Que centre el tramo final de "Dark Matter" es interesante porque entronca la serie con una larga tradición de la ciencia ficción que explora la identidad humana, y ayuda a mostrar que esos seis personajes, más la Androide, son un equipo ya en todo. También ha sido un buen movimiento no dejar en el aire muchos de los enigmas de la temporada, incluso aunque la resolución de uno llevaba, inevitablemente, a que surgiera otro.

"Dark Matter" ha sido un buen entretenimiento veraniego, y una serie que, si es renovada para una segunda temporada, puede dar un salto adelante digno de mención. Los tripulantes de la Raza se ven constantemente puestos a prueba por sus propios secretos, pero apenas hemos visto pinceladas del mundo más amplio en el que se mueven, de esas corporaciones que hacen y deshacen a su antojo y que son capaces de destruir planetas enteros. También hemos visto con cuentagotas de lo que la Androide es capaz, y teniendo en cuenta el déficit de series ambientadas en el espacio que los fans han tenido en los últimos años, "Dark Matter" merece una oportunidad para seguir mostrando esa voluntad por salirse de lo esperado. Al final, ha sido una pequeña y agradable sorpresa.