21 marzo 2006

Elemental, querido House


Es oficial. "House" es la serie más rentable y exitosa de todas las que ha emitido Cuatro hasta ahora. Todos los martes supera ampliamente la media de audiencia de la cadena (situada en un 5-6%, más o menos), y llega incluso hasta el 13%. Hay quien dice que esto se veía venir, teniendo en cuenta la buena marcha de la serie en EE.UU. Pero en España somos diferentes, y el éxito en USAmérica no garantiza lo mismo aquí (sí, sí, ahora todos hablamos de "Mujeres desesperadas", pero le costó lo suyo despegar y, aún así, no fue un megaéxito. O si no, ¿qué me decís de "Urgencias" o "El ala oeste de la Casa Blanca"?).
Desde luego, la clave del éxito no sólo está en esas reconstrucciones a lo CSI de cómo atacan las enfermedades, sino, principalmente, en su protagonista. Gregory House, al que comparan en todas partes (y con razón) con Sherlock Holmes, es el médico borde e ingenioso al que nos gusta ver en la tele pero que no querríamos sufrir por nada del mundo (un amigo mío conoce a un oncólogo así... No digo más): Amargado, misántropo, adicto a los analgésicos, incapaz (o asustado) de entender por qué una de sus colegas, la doctora Cameron, se siente atraída por él y, últimamente, acosado por el nuevo propietario del hospital, más preocupado por los beneficios económicos y que busca cualquier excusa para despedirlo. La serie es un inteligente estudio de su personaje protagonista, además de tener un don especial para dibujar a los secundarios con dos pinceladas bien dadas.
Las perlas que suelta House por esa boca todas las semanas han provocado concursos en Internet para elegir las mejores y son, desde luego, la marca de la casa, pero si las dijera otro actor diferente a Hugh Laurie, dibujarían un personaje frío, cínico y totalmente carente de humanidad. Laurie consigue que House sea humano, a pesar de todo, de que veamos algo de lo que hay debajo de esa fachada, si bien ese "algo" no se expresa con palabras. El esfuerzo en hacernos llegar la humanidad de House le ha valido a Laurie un Globo de Oro merecidísimo, y que por fin hace que este actor británico alcance el reconocimiento que se le mostraba evasivo desde hace tiempo. Yo recuerdo a este espigado sex-symbol para mujeres inteligentes (como lo han llamado en alguna revista estadounidense) como el marido de Imelda Staunton en "Los amigos de Peter", eternamente preocupado por su hijo. Y también, con la misma pareja, en "Sentido y sensibilidad", donde ambos daban rienda suelta a una vis cómica muy británica, todo ironía y sutileza. Por esos papeles, y por su genial encarnación de Gregory House, podemos incluso perdonarle su aparición en "Stuart Little".
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