15 octubre 2006

Cuentos de hadas


Guillermo del Toro siempre ha sido un personaje, y un director, bastante peculiar, sobre todo por su desbordante imaginación y un talento que, si estuviera enfocado hacia los temas sociales que trata su amigo Alejandro González Iñárritu, lo habría situado en la cima de los cineastas más influyentes del momento. Pero Del Toro hace cine fantástico, se atrevió a debutar con una personal vuelta de tuerca a las historias de vampiros ("Cronos") y dos de sus mejores películas (dejando de lado "Hellboy", que a mí me pareció estupenda) no se han rodado en Hollywood, ni con dinero estadounidense, ni con estrellas planetarias, ni son adaptaciones de libros de éxito, sino que se rodaron en España, en español, y sobre historias originales del propio Del Toro ambientadas, además, en la Guerra Civil española.
"El espinazo del diablo" fue la primera, una historia de fantasmas situada en un orfanato al principio de la contienda, con un Eduardo Noriega que era un malo verdaderamente inquietante. La siguiente, que podría ser una especie de continuación de ésa, es "El laberinto del fauno", ambientada en una zona rural del norte de España en 1944, y protagonizada por Ofelia, una niña de nombre algo profético y a la que da vida todo un descubrimiento, Ivana Baquero.
No voy a decir de qué va, porque es de estas películas que es mejor ir a ver sin una idea preconcebida de ellas, pero yo sólo diré que es emocionante, interesante, intrigante, poética, metafórica, con toques de las ilustraciones de Arthur Rackhman y los relatos de Arthur Machen, con esos seres antiguos de la tierra, mágicos y ambiguos (un ejemplo muy recomendable es "El gran dios Pan"). El fascismo, la libertad de elegir, los cuentos de hadas... Hay tanto en esta película que lo mejor es verla, pero la mejor definición quizá sea precisamente que es un cuento de hadas como los entendían los hermanos Grimm y Perrault, con sus lobos feroces, sus niños huérfanos y abandonados y sus héroes improbables.
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