08 enero 2010

El eterno retorno de la sitcom

La sitcom es el género por antonomasia de la televisión estadounidense. Sobre estas comedias de 20 minutos se organizaban las parrillas de las cadenas y se cimentaba su éxito, o su fracaso. Que el series finale más visto de la historia sea el de "M.A.S.H." dice bastante del tirón que tenían desde los 60, cuando empezaron a desarrollarse para la televisión a partir del éxito de "I love Lucy". Las pautas que distinguen una sitcom de cualquier otra serie, además de su duración, es tener un grupo de personajes protagonistas recurrentes, un escenario fijo (ya sea una casa, o una oficina) y la peculiaridad de que se graban con tres cámaras a la vez enfrente de una audiencia en directo (o incluyen risas enlatadas). "Friends" o "Las chicas de oro" se rodaban así (hay una escena de esta última serie en el que se ve a las actrices esperar el final de las risas del público para poder continuar. La Gran Guerra de los Arenques de Saint Olaf es lo que tiene, y a ver si vosotros no lloráis de la risa al verlo).

Es cierto que, después del final de las comedias con audiencias espectaculares de la noche de los jueves en la NBC (todos sabéis cuáles son), justo en la temporada en la que los dramas optaron por renovarse y arriesgar mezclando géneros, los críticos estadounidenses se han llenado la boca hablando de la muerte de las sitcom. No es cierto. Series como "Dos hombres y medio" (2003) o "King of Queens" (1998-2007) se encuadran en ese género, y tienen mucha audiencia, pero carecen del prestigio crítico de "Friends", "Seinfeld" o las primeras temporadas de "Will & Grace". Las comedias de 20 minutos nunca murieron, sino que, como ocurre con la energía, se transformaron. "The Office" trajo el estilo de falso documental (y un poco de la mirada vitriólica del original británico) y "Cómo conocí a vuestra madre" innovó con la forma de contar la historia y con el desarrollo de los personajes (que en una sitcom tradicional nunca suelen cambiar). Por eso, se rueda sin público, de modo más parecido a como se graba un drama, y el episodio editado se pasa después ante una audiencia cuyas risas grabadas son las que se escucharán después en la emisión por la tele.

El cable empleó el formato para hacer dramas con gotas cómicas y para sacarse de la chistera cosas tan peculiares como "Curb your enthusiasm" o "It's always sunny in Philadelphia" (aunque en el cable también hay comedias más tradicionales, como "My boys"), y las comedias adoptaron otras formas fuera de las clásicas situaciones familiares, por ejemplo. Ese subgénero, que conoció en los 80 y a principios de los 90 un gran éxito, marcado por "El show de Bill Cosby", sí que se quedó bastante abandonado a favor de un humor algo más excéntrico (ahí está "30 Rock"), aunque seguían saliendo cosas como "According to Jim" (o la sitcom que se niega a morir, aguantando siempre entre rumores de cancelación, y entre las amargas quejas de los críticos por su baja calidad). Hasta que, esta temporada, la comedia familiar se puso de moda otra vez, adoptando formalmente algunos aspectos distintos de predecesoras como "Cosas de casa".

Si "The middle" sigue un poco el molde de "Malcolm", "Modern family" no deja de ser, en su centro, una sitcom familiar de libro creada por veteranos del género como Christopher Lloyd y Stteve Levitan, y que se vale del mockumentary para tener una apariencia más moderna y menos claustrofóbica, optando por más aire libre en lugar del decorado único. Pero aprovecha tanto las reglas de las sitcom como "The Big Bang theory". El rasero para medir todas estas series no es si son telecomedias clásicas o innovadoras, sino si son divertidas. A partir de ahí, se pueden considerar guiones, actores y cualquier otra cosa. Y para mí, pocas sitcom ha habido tan perfectas como "Las chicas de oro". Aquí os dejo el "contestador" de Sophia como botón de muestra.
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