06 septiembre 2010

Las enseñanzas de Crews y Reese

Es inevitable que, tiempo después de que algunas series se hayan acabado, eches de menos sus personajes, sus situaciones o sus títulos de crédito, por ejemplo. Al fin y al cabo, te has pasado horas y horas en su compañía. A veces, viendo las series que pueblan actualmente las parrillas, puedes sorprenderte deseando ver aparecer por ahí a Starbuck repartiendo a diestro y siniestro, o a Olive Snook y Emerson Cod simplemente intentando compartir cuadro, o pensando en lo que echarás de menos oír ciertas sintonías todas las semanas cuando su serie termine. Con la invasión de series de policías que estamos teniendo en las últimas temporadas en Estados Unidos, confieso que más de una vez me he visto echando de menos "Life", un procedimental que yo empecé a ver tarde, por recomendaciones en otras webs, y cuya cancelación al cabo de sólo dos temporadas fue realmente un pequeño disgusto teléfilo.

En realidad, lo que echo de menos es a los detectives Charlie Crews y Dani Reese, o lo que es lo mismo, la estupenda pareja que formaban Damian Lewis y Sara Shahi, dos actores que, a priori, no pegaban mucho (menos aún físicamente), pero que demostraron tener una dinámica y una química que se echa en falta en otras series cuyos protagonistas, en teoría, deberían ser más que compañeros de trabajo. Crews y Reese, como es de recibo en estos casos, empezaban siendo completamente opuestos uno del otro; él, optimista y zen como reacción a los 12 años que pasa en la cárcel por un crimen que no cometió; ella, seria y profesional para intentar dominar los demonios que la llevaron de cabeza a las drogas y el alcohol. Con el paso de los episodios, "Life" fue limando esas asperezas y esa fachada de sus dos protagonistas, pues Charlie escondía una peligrosa ansia de venganza y Dani estaba más necesitada de contacto humano de lo que ella habría admitido nunca.

"Life" se caracterizó por un peculiar sentido del humor (cristalizado en unos gags visuales brillantes en la segunda temporada), y gran parte de él venía del contraste de personalidades entre Crews y Reese, que fue haciéndose más sutil con el correr de los episodios. Sus interacciones eran muy divertidas, y sus diálogos en el coche, de premio (a la altura de los mejores momentos de Mulder y Scully o Booth y Brennan). Los dos van acercándose más, trabajando cada vez mejor como compañeros, hasta el punto de terminar pensando de modo similar. La química que había entre ellos no era de tipo tensión sexual no resuelta, sino de camaradas, y funcionaba muy bien. No era forzada y se veía desarrollarse de modo natural, lo que todavía hacía más entretenido verlos.

Yo sí que habría visto a Crews y Reese simplemente llevando la colada a la lavandería, porque de verdad que eran la principal razón para seguir todas las semanas "Life", a pesar de su periplo por la parrilla de la NBC en su segunda temporada que, por supuesto, no auguraba nada bueno. La serie no siempre estuvo a la altura de su potencial (al principio, todo descansaba sobre los hombros de Damian Lewis) y, curiosamente, la conspiración que Crews intenta desentrañar, aunque es el hilo que recorre todos los episodios, no interesa demasiado. Lo divertido era ver a los dos detectives en acción, y cuando funcionaban a pleno rendimiento, compensaba cualquier caso flojo o previsible. Porque Crews y Reese pocas veces eran previsibles.

P.D.: La idea de esta entrada ha vuelto a surgir gracias a Twitter. Para que luego digan que es la muerte de los blogs.
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