04 abril 2012

El folletín

El insulto más habitual cuando alguien quería expresar su disgusto por la segunda temporada de "Downton Abbey" era "culebrón". Es, probablemente, el término más despectivo que se le pueda aplicar a una serie, un término que puede causar ampollas en algunos fans; probad a soltarle a algún enamorado de "Mad Men" que, en el fondo, esa serie no es más que un culebrón con pretensiones. En cuanto oímos esa palabra, lo que nos viene a la mente son "Los ricos también lloran" y hasta el remake de "Dallas", historias de amor entre ricos malísimos y pobres que son mártires de tanta bondad, diálogos totalmente kitsch y escenarios más kitsch todavía, y los giros de guión más locos y gratuitos fuera de la ficción pulp.

Pero sólo es un lado de la palabra (el más extendido). Culebrón o su variante más culta, folletín, de por sí no son "malos"; sólo indican un formato y, siendo justos, todas las series son folletines. Si nos ponemos en plan gafapasta, podemos remontarnos hasta el siglo XIX, cuando todos los escritores más populares publicaban sus historias por entregas mensuales en las revistas de la época. Alejandro Dumas, Julio Verne, Arthur Conan Doyle o Charles Dickens estaban sometidos a la "tiranía" de los plazos de entrega de dichas revistas, y para mantener el interés de los lectores mes a mes, no era nada raro que terminaran los fascículos con un cliffhanger que obligara a los seguidores enganchados a continuar comprando la revista para saber cómo continuaba la historia. Por supuesto, había quien iba retorciendo cada vez más las tramas y los cliffhangers para no perder lectores y estirar el chicle todo lo posible, con lo que el término folletín fue convirtiérndose cada vez más en sinónimo de historias totalmente pasadas de rosca y hasta inverosímiles.

En su acepción más "pura", sin embargo, un folletín no es más que una historia contada en varios fascículos/episodios, y todas las series, absolutamente todas, entran en esa definición. Lógicamente, luego depende del talento de los implicados en ella que caigan en los peores defectos asociados con ese término o que evolucionen hacia un producto hecho con inteligencia, buen gusto y que no se conforma sólo en mostrar el enésimo triángulo amoroso o la perenne pelea entre el protagonista trepa y el honrado. Series como "Mad Men", "Juego de tronos" o "The Good Wife" (por citar las tres que dominan últimamente la blogosfera) utilizan muchos aspectos de los folletines, pero se preocupan por no quedarse sólo ahí y tienen personajes tridimensionales, o comentan algo sobre el mundo en el que vivimos. Hasta el mismo Robert Kirkman, creador del cómic "The Walking Dead", ha repetido por todas partes que lo que él está escribiendo no es más que un culebrón aderezado con unos cuantos zombies.

P.D.: Y como ha salido mencionada "Downton Abbey", no está mal traer a colación el especial sobre televisión que ha hecho "Vanity Fair" este mes, en el que se centran sobre todo en las mujeres. Su portada es para Julianna Margulies, Claire Danes, Sofía Vergara y Michelle Dockery, pero lo interesante es ver que, en las dobles páginas de fotos interiores, no se han limitado sólo a las series de cable habituales cada vez que se hacen estos números. En la primera doble se dejan ver Emily Deschanel, Grace Park, Archie Panjabi, Kerry Washington (de la próxima "Scandal"), Emily Van Camp, Kat Dennings y la única representante de una serie de cable, Emmy Rossum. Y luego, en la segunda, la cosa ya está más mezclada, hasta con algunos hombres, y vemos a Michael C. Hall, Katharine McPhee, Sarah Jones, J.B. Smoove ("Bent"), Regina King, Aaron Paul, Joel Kinnaman, Scott Caan, Don Cheadle y Morena Baccarin.
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