27 febrero 2013

El odio en los Oscar

Una vez que se entregan los Oscar, es bastante habitual que, durante los dos o tres días siguientes, las publicaciones especializadas se dediquen a hacer balance de la ceremonia, de las razones por las que determinadas categorías tuvieron esos ganadores y de cómo ha sido la campaña de relaciones públicas y lobbyings varios en los tres meses de temporada de premios (que confieso a mí me resulta de lo más entretenido). En HitFix, por ejemplo, presentan ocho cosas que han sacado en claro este año, desde que la política no debería mezclarse en la campaña para los Oscar a la importancia de los festivales que se celebran en septiembre (Telluride, Toronto y Nueva York), pasando por el hecho de que estrenar en diciembre es más contraproducente que beneficioso, que las entregas de premios de los sindicatos le quitan toda la emoción a los Oscar y que el sistema de voto preferencial para elegir mejor película necesita mejorar (a mí me recuerda mucho a la votación para elegir al MVP de la NBA).

Además, aunque ellos no lo incluyan, también habría que apuntar que la tendencia del hate-watching instaurada en televisión parece haberse trasladado al cine, y este año ha sido más habitual ver campañas negativas contra algunos candidatos que otras que cantaran sus virtudes. En concreto, lo habitual ha sido, como dice The Guardian, ver por todas partes que películas y actores que, antes de los Oscar, habían recibido buenas críticas, pasaban a ser vilipendiados y odiados sistemáticamente por llevarse unos cuantos premios y, finalmente, el Oscar. Le ha pasado a "Argo" a lo largo de ese mes de victorias consecutivas que la hizo parecerse a los Lakers de los playoffs de 2001, con sus 15 victorias, una sola derrota y el consiguiente campeonato de la NBA. Una película que a todo el mundo le parecía, como mínimo, bien hecha y entretenida en septiembre, ha sido criticada después casi como si fuera la peor ganadora del gran premio desde "Shakespeare in love". Y le ha pasado también a Jennifer Lawrence, cuya interpretación en "El lado bueno de las cosas" había sido saludada con nada más que elogios cuando la cinta se estrenó, y que ahora casi que se descarta como pasada de rosca y bastante normalita (en los comentarios de "El blog de Mr. Belvedere" hay una muestra de algunas de esas críticas).

En parte, es una reacción normal al gran favoritismo tanto de "Argo" como de Lawrence a lo largo de toda la temporada, pero también resulta ser un poco injusta y, lo más importante, tiende a ignorar las verdaderas razones detrás de esos Oscar, y el modo en el que los premios de Hollywood suelen funcionar. The Guardian apunta que "Hollywood ya no hace el tipo de películas que solían ganar premios de la Academia, es decir, historias épicas y humanitarias de término medio, presupuesto medio como "Bailando con lobos", "Gandhi" y "Paseando a Miss Daisy", sobre la eficacia moral del individuo; una persona creando una diferencia, en traje de época. Como género, la 'película de Oscar' está muerta". Lo que tiende a producirse son superproducciones orientadas a reventar la taquilla veraniega en su primer fin de semana o pequeñas cintas con presupuestos prácticamente de indie e historias sencillas y que presenten pocos desafíos para el público, dejando todo un abanico en el punto medio que ha asumido el cine independiente. "El lado bueno de las cosas", por ejemplo, habría sido una comedia romántica de estudio hace, a lo mejor, cinco años.

La situación actual de Hollywood impulsa en parte estos Oscar, pero eso no quiere decir que los ganadores no los merezcan (la mayoría de las veces). Es muy cierto que el nivel de obsesión con Jennifer Lawrence ha podido alcanzar niveles cansinos en estas últimas semanas, pero eso no oculta que es una actriz muy competente. En The Hollywood Reporter apuntaban que verla ganar fue un poco como ver ganar a Diane Keaton por "Annie Hall", en el sentido de que era la chica del momento y una estrella con una personalidad diferente que se llevaba el premio por una comedia (también apuntaba que Jessica Chastain bien podía terminar siendo como Meryl Streep), y cualquiera que la haya visto en "Winter's bone" o en su pequeño papel de "Like crazy" sabe perfectamente que no es flor de un día. Pero llevarse el Oscar lleva añadido las discusiones sobre si lo merecías o no. Y en la cuestión del premio a mejor actriz, aunque no me parece mal la victoria de Lawrence, yo sí habría preferido que se lo llevara Chastain (sobre todo por ese plano final de "La noche más oscura"), pero todo el jaleo de la investigación del Senado la hirió de muerte. y no deja de ser sospechoso que esa investigación se cerrara sin ruido al día después de los Oscar.
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