20 enero 2014

El Broadway de Disney

La música y las películas de Walt Disney han sido siempre indisociables. Desde "Blancanieves y los siete enanitos" y su "Heigh-Ho", todas las cintas clásicas animadas del estudio se apoyaron en, al menos, dos o tres canciones icónicas para construir sus historias y para llegar más fácilmente al público familiar. Hasta consiguieron que el vals de "La bella durmiente" acabara más asociado a la adaptación de Disney de esa historia que al ballet de Tchaikovsky al que pertenece, o reclutaron a jazzmen tan populares y reputados como Louis Prima para "El libro de la selva". Cuando llegaron los 80, y el estudio atravesaba su época de mayor decadencia y crisis, la solución que se les ocurrió para intentar salir del pozo fue, precisamente, confiar de nuevo en la música y, en concreto, prácticamente hacer musicales de Broadway animados.

Ésa fue la solución que tuvieron para que "La sirenita", que atravesaba diversos problemas durante su producción, empezara a despegar; contratar a dos jóvenes compositores de Broadway, como Howard Ashman y Alan Menken, para transformar la película en todo un musical. Su labor se notaría todavía más en "La bella y al bestia", desarrollada así desde el principio, con una obertura, un tema para cada personaje, un número showstopper (en este caso, "Be our guest"), su canción romántica, y hasta sus reprise, y no es nada extraño que fuera la primera película de Disney que diera después el salto al teatro. Y aunque los siguientes estrenos del estudio no han olvidado el componente musical, el mayor éxito que han tenido en los últimos años las películas de Pixar, asociado primero al tío Mickey por un acuerdo de distribución y, después, comprado por él, parecían haber hecho que cayeran en el olvido aquellos musicales de Broadway animados tan clásicos de Disney (tampoco ayudó que "Tiana y el sapo", con Anika Noni Rose, no tuviera el éxito esperado).

Hasta que en éstas, esa compra de Pixar, y el hecho de que sus ejecutivos supervisen también la marcha de la división de animación de Disney, terminó cristalizando en "Frozen", una adaptación muy libre de "La reina de las nieves", de Hans Christian Andersen, que ha alcanzado el éxito recuperando precisamente las características de aquellas cintas que ayudaron a al resurrección del estudio a principios de los 90. "Frozen" es un genuino musical de Broadway animado, con canciones de un dúo experto en esas tablas como Robert y Kristen Anderson Lopez, y centrado en toda una diva del teatro neoyorquino como Idina Menzel. Aunque por el estilo de animación, y los toques de comedia romántica entre Anna y Kristoff, pueda recordar a "Enredados", de donde "Frozen" está bebiendo más es precisamente de "La sirenita" y "La bella y la bestia" (aquí, puede decirse que "Let it go", nominada al Oscar, es el showstopper de la función). Y funciona perfectamente.

Especialmente, lo que la hace destacar es que la relación entre las dos hermanas, Anna (doblada por Kristen Bell) y Elsa, es el centro de la historia. Eso le permite jugar con algunas de las convenciones de estas películas basadas en cuentos (como el famoso acto de amor verdadero) sin salirse del todo del corpus clásico de Disney, y también integra esos detalles humorísticos y esa importancia de la historia por encima de todo que son típicos de Pixar. Su pareja de directores ejemplifica esa unión entre el estudio de la era dorada de los 90 (Chris Buck dirigió "Tarzán") y el del nuevo empuje de esta década de 2010 (Jennifer Lee fue guionista de "¡Rompe Ralph!"), y en "Frozen" representa un salto adelante, sin olvidar el pasado, bastante notable.
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