25 abril 2017

La fábula de la criada


Cuando Margaret Atwood publicó "El cuento de la criada", en 1985, lo hizo inspirada por varios hechos que estaban ocurriendo en Estados Unidos. Como explica en esta entrevista en televisión británica, en aquella época estaba empezando a aparecer, como un movimiento con cierta fuerza, la derecha fundamentalista religiosa en el país y, al mismo tiempo, entre 1982 y 1985, treinta clínicas abortistas habían sufrido atentados con bomba. El clima que se respiraba era de extremo conservadurismo, y Atwood se puso a pensar en lo que pasaría si esos fundamentalistas llegaban alguna vez al poder y llevaban al extremo sus creencias y sus posturas sobre los derechos de las mujeres.

Así nació el punto de partida de "The Handmaid's Tale", la serie que debe poner, de una vez por todas, a Hulu en el mapa, y que HBO España estrenará mañana con los tres primeros episodios. Será la segunda vez que el libro (nominado a los premios Booker y Nebula, y ganador del Arthur C. Clarke) da el salto a la pantalla (en 1990 hubo una película con Faye Dunaway, Robert Duvall y Natasha Richardson), y lo hace como una de las apuestas más fuertes de la temporada. Los temas que trata lo han vuelto muy relevante en los Estados Unidos de Trump y su abierta misoginia, razón por la que, probablemente, ninguno de sus responsables quiere asociar la serie con una crítica a él o con un término, "feminismo", que ha adquirido connotaciones muy negativas para una parte del público (por qué razones ha ocurrido esto es un asunto mucho más complejo para explicarlo aquí). Hulu quiere que esta serie sea un gran éxito de audiencia, no sólo que sea adorada por los críticos y, tal vez, por los Emmy.

Porque la sinopsis pinta un panorama muy poco agradable. Los Estados Unidos se han convertido en Gilead, una república teocrática gobernada por fundamentalistas cristianos (protestantes, en este caso) que se toman la Biblia al pie de la letra y que, para sobrevivir a una plaga de infertilidad entre las mujeres, deciden eliminar de un plumazo todos sus derechos y dejarlas reducidas a bestias de cría. El papel de las mujeres fértiles es ser criadas, personas adiestradas en centros de reeducación que dan más miedo que cualquier idea perturbada de Negan en "The Walking Dead", y que son asignadas a Comandantes del régimen (del Movimiento, si queréis que usemos un término más familiar para los españoles), cuyas esposas son estériles, para que les den un hijo.

A grandes rasgos, ése el punto de partida de novela y serie, cuyo responsable es un guionista con experiencia en la ciencia ficción más mainstream como Bruce Miller (ha estado en "Los 100" y "Alphas"), que adapta muy fielmente el libro aprovechando, al mismo tiempo, para ampliar mucho más su mundo y su punto de vista. Offred, el personaje de Elisabeth Moss, es nuestra guía de entrada, con una voz en off llena de sarcasmo, espíritu de resistencia y amargura (el único lugar donde puede ser totalmente libre son sus pensamientos), pero "The Handmaid's Tale" se preocupa de construir a todos los personajes, incluida a la mujer del Comandante, Serena Joy, a la que Yvonne Strahovski imprime enseguida cierto aire de que ella está atrapada también.

La serie es preciosa de ver, muy elegante, con una fotografía de cuadro de Vermeer que hace destacar mucho más, por contraste, la brutalidad y la opresión que se esconden bajo la formalidad con la que se comporta todo el mundo, regida por unas normas muy estrictas. Las interpretaciones son todas estupendas y el panorama que pinta el primer episodio es el de una serie que apunta muy alto, sobre todo en sus flashbacks al ascenso de Gilead, a cómo, poco a poco, la gente corriente va aceptando sus reglas, cómo le va pareciendo normal la situación excepcional en la que viven. Probablemente, lo que dé más miedo de todo es lo que la Tía Lydia (Ann Dowd) les explica a las futuras criadas en el centro de reeducación: todo esto ahora les parece extraño y alarmante, pero dejará de parecérselo. Y las siguientes generaciones les resultará de lo más normal.

Música de la semana: El primer capítulo de "The Handmaid's Tale" acaba con una canción que adquiere una enorme carga irónica al sonar en sus créditos finales, después de todo lo que hemos visto: "You don't own me", de Lesley Gore, que igual algunos escuchásteis en la presentación de Harley Quinn en "Escuadrón Suicida".

05 abril 2017

Las razones de Hannah Baker


Hannah Baker se ha suicidado. Sólo tenía 17 años y había sobrevivido a duras penas a su primer curso en un nuevo instituto, en una nueva ciudad. La tragedia deja a sus padres preguntándose si podrían haberlo evitado, a la escuela protegiéndose de una demanda por negligencia y al resto de sus compañeros sintiendo cierta culpa- Porque Hannah dejó algo parecido a un testamento, trece cintas de cassette en las que explica por qué acabó decidiendo quitarse la vida, da trece razones para ello, y cada una está personalizada en uno de sus compañeros. En gente que ella consideraba sus amigos.

"Por trece razones", que es el título español de "13 reasons why", es la serie que se zambulle de lleno en la exploración de qué salió mal en la vida de Hannah para que ella decidiera ponerle fin. La acumulación de decepciones, traiciones personales, pequeños fracasos y un creciente sentimiento de angustia y soledad absolutas que acabó culminando en un suicidio en la bañera. Está basada en un libro de Jay Asher y, por las críticas que han aparecido, parece que la serie mejora bastante lo que cuenta su material de partida, añadiendo más matices a sus situaciones y profundizando en sus personajes, especialmente Hannah y en el protagonista principal, Clay, un chaval que empieza a escuchar las cintas y siente cómo, de repente, todo su mundo se desmorona a su alrededor.

Aunque la mayor atención se la haya llevado la producción ejecutiva de Selena Gómez, lo más interesante de la serie es que su principal responsable es el guionista y dramaturgo Brian Yorkey, que se hizo famoso gracias al musical "Next to normal", centrado en una familia cuya matriarca tenía trastorno bipolar. Esa carta de presentación es muy significativa de cara a los temas que trata "Por trece razones", porque no sólo nos muestra la progresiva caída de Hannah hacia la más oscura de las depresiones, sino que enseña cómo sus cintas afectan a las personas que, de un modo u otro, tomaron parte en ese descenso. Ya fueran los chicos que se dedicaban a lanzar rumores falsos sobre ella, o los amigos que terminaron dándole espalda o el chaval que, aunque no deja de ser buena persona, es incapaz de entender nada de lo que está pasando a su alrededor.

La serie tiene en el retrato de esos personajes, y de la propia Hannah, su principal punto fuerte. De Clay conocemos más cosas al mismo tiempo que él va despertando de su letargo de "no sé a qué viene tanto drama en el instituto" y de su retraimiento, y es comprensible que su caracterización haya despertado algunas comparaciones con "Las ventajas de ser un marginado". Hannah, por su parte, está muy bien interpretada por Katherine Langford, todavía con una carrera muy corta, pero que aporta vitalidad y dolor a su personaje, y el resto de chicos del instituto están muy bien elegidos, aunque igual os lleváis un par de sorpresas cuando veais a Sosie Bacon (hija de Kevin Bacon y Kyra Sedgwick) como la rebelde tatuada del insti o a Ross Butler repitiendo su papel de deportista popular de "Riverdale" (con más matices aquí), o a Miles Heizer bastante cambiado desde los tiempos de "Parenthood".

Es cierto que hay algunos aspectos de la trama (relacionados con el trío de amigos atletas) que chocan un poco con el tono que tiene el resto de la serie y que, como ya es marca de la casa en Netflix, habría funcionado de una manera mucho más compacta con tres episodios menos, pero "Por trece razones" acaba siendo muy efectiva emocionalmente y en el detalle con el que muestra a todos esos adolescentes.

Música de la semana: Como buena serie teen, "Por trece razones" tiene una banda sonora realmente notable, de la que una de las canciones más curiosas es "Into the black", un tema de Chromatics que, en realidad, es una versión de un éxito de Neil Young que ha tocado todo el mundo, incluidos Oasis.

27 marzo 2017

Los demonios de Wynonna


Aunque Syfy lleve ya unos años dedicada a tener más series ambientadas en el espacio, y de ciencia ficción más pura y dura, sigue teniendo hueco para títulos un poco más ligeros y más orientados hacia el fantástico. "Wynonna Earp" es una de esas series, una historia de maldiciones, demonios que escapan del infierno y una joven que es la Elegida para acabar con todos ellos.

Si hay algunas cosas que resultan familiares en ese resumen rápido, es porque la sombra de "Buffy, cazavampiros" es muy alargada en esta serie. Es una adaptación de un cómic pero su creadora, Emily Andras (que viene de "Lost girl"), presentó la serie a la cadena, medio en broma, diciendo que era una mezcla entre Buffy y "Frozen". ¿La razón? Que además de tener una Elegida, el centro de la historia está en la relación entre las dos hermanas Earp, Wynonna y Waverly, que una noche vieron cómo los demonios llegaron a su casa, mataron a su hermana mayor, Willa, e hicieron lo mismo con su padre.

Porque los descendientes del legendario sheriff Wyatt Earp tienen la tarea de acabar con los 77 forajidos que su antepasado mató con su revólver Peacemaker, que por culpa de una maldición regresan a la tierra como demonios. Nadie ha logrado tener éxito en esa empresa, y quizás Wynonna, que no debería ser la heredera y, además, es la primera mujer en asumir esta tarea, pueda tener algo más de suerte. Si, por otro lado, consigue controlar otros demonios personales que la persiguen, como el recuerdo de que fue ella quien mató realmente a su padre y varias estancias en hospitales psiquiátricos porque nadie creía su versión.

Así que Wynonna regresa a casa armada, inicialmente, con el sentido del humor que aplica hasta a las situaciones más complicadas, muy poco aprecio por la autoridad y la reputación en el pueblo de ser una chica que sólo busca problemas. Es una clásica heroína reticente, como si Buffy se hubiera dado a la bebida y a la delincuencia menor para olvidar las cosas terribles que hizo en el instituto. Su camino de redención será asumir el legado de la maldición de los Earp y trabajar al lado de Dolls, un agente del gobierno que investiga actividad paranormal de diverso tipo.

"Wynonna Earp" combina cierto esquema de "demonio de la semana" con la historia de fondo de qué objetivos último tienen estos "renacidos, y con la asunción de su protagonista de su nuevo papel, un papel que ella nunca quiso. Los episodios tienen un tono que tira hacia lo desenfadado y lo ligero, con una Wynonna (Melanie Scrofano) realmente entretenida de ver en acción y algunos demonios bastante conseguidos (y hasta un poco inquietantes), y como suele pasar en estas series, con el paso de los capítulos resulta fácil tomar cierto aprecio por casi todos los personajes. Sí, hay algunos muy pasados de rosca (algún villano), pero la apuesta por la diversión de la serie se agradece. Y realmente tiene una buena protagonista.

Música de la semana: "The Americans" es experta en tomar un éxito de los 80 y darle otro sentido diferente al utilizarlo para ambientar escenas que, generalmente, suelen involucrar un asesinato. Ya lo han hecho con Fleetwood Mac y Soft Cell, y en el tercer episodio de la quinta temporada, esa canción es "More than this", de Roxy Music. Aunque esta semana ha habido competencia, porque ese "Art of fear", de The Grassy Knoll, que cerró el séptimo capítulo de "Legión" podría haber sido la elección musical sin problema.

23 marzo 2017

El buen episodio y el contexto de la serie


¿Puede comprenderse realmente que un episodio de una serie es bueno si lo vemos separado de dicha serie? ¿Se puede apreciar su calidad fuera del contexto que le dan los demás capítulos? ¿Es posible apreciarlo como un ente independiente sólo a través de las interpretaciones de sus actores, o del nivel técnico mostrado en la pantalla, sin tener en cuenta el componente emocional? ¿Y ese componente lo da la experiencia acumulada del resto de capítulos, o queda plasmado en ese fragmento excepcional?

Todas estas preguntas surgen a cuenta de un debate en Twitter sobre "Penny Dreadful" y sobre la calidad de algunos de sus episodios. La aseveración inicial apuntaba que la serie tiene siete u ocho capítulos extraordinarios, pero que los demás eran un aburrimiento. Y ahí entraba la discusión de si ese resto soporífero era necesario para que esos episodios destacados lo fueran realmente, o si podían juzgarse como tal de manera independiente. En Twitter no se llegó a ninguna conclusión, probablemente por una definitiva podría encajar en "Penny Dreadful", pero no podría aplicarse a otra serie.

"Stargate Universe", por ejemplo, tiene un capítulo muy notable, "Time", en el que la tripulación de la nave atraviesa una puerta estelar y se ve atrapada en un bucle temporal. Cada vez que intentan reiniciar su particular Día de la Marmota, algo sale mal, y cuando el episodio termina, no se ha conseguido resolver, en realidad, nada. Pero es un episodio independiente, un bottle episode bastante literal porque, además de transcurrir en una única localización (o casi en una sola), no guarda ninguna continuidad con los capítulos que lo preceden, y en los siguientes no se hace ninguna mención a él. "Time" es un experimento de "Stargate Universe" que funciona como un relato corto y que puede verse sin saber nada de la serie, más que la sinopsis básica.

Sin embargo, "The constant", el episodio que los fans de "Perdidos" siempre ponen en lo más alto de sus listas de mejores capítulos, probablemente no pueda apreciarse igual sin la experiencia de todo lo que ha venido antes que él. La necesidad de que Desmond utilice a Penny como su constante en sus viajes por el tiempo sólo se entiende si hemos sido testigos de las penurias de Desmond en la isla y hemos visto que está allí, precisamente, por culpa de su amor por Penny. Sí, puede ser una historia original de viajeros temporales, pero la fuerza emocional de ese capítulo se pierde visto de manera independiente.

¿Es posible darse cuenta de que un capítulo es bueno sin haber visto nada más de la serie? ¿Se aprecia del mismo modo si nos falta esa continuidad emocional, esa experiencia acumulada?

19 marzo 2017

Un Puño de Hierro con poca pegada


Cuando se estrenó "Escuadrón Suicida", en internet se escenificó un cisma importante entre la opinión que los críticos tenían de la película y la de los fans. Los primeros la destrozaron, y los segundos estaban encantados de su tono cafre (o el intento de tono cafre). Y, sobre todo, los fans se dedicaron a meterse con los críticos que habían considerado que era una mala película, hasta sacándose de la manga supuestas conspiraciones anti-DC y pro-Marvel (como si alguien hubiera elogiado "Thor").

La brecha se ha vuelto a repetir, esta vez, con una propiedad de Marvel, "Iron Fist", la última serie de sus superhéroes de Netflix que faltaba por estrenarse. La crítica la ha tildado, siendo considerados, de floja (y no entramos en una nueva polémica por apropiación cultural que, realmente, llega más de 30 años tarde), pero si nos damos una vuelta por Twitter en este fin de semana de su lanzamiento, es más habitual que encontremos gente a la que la serie no le parece tan mal, y que no entiende de dónde vienen esas malas críticas. Sobre todo después de que "Luke Cage" fuera acogida mejor entre los periodistas (estadounidenses, principalmente) que entre el público.

"Iron Fist" tiene un problema, y es que Finn Jones no es un protagonista con el suficiente carisma para sacar adelante el personaje del heredero de una empresa multimillonaria que se pasa quince años en un reino místico y legendario del Himalaya, tras haber sobrevivido a un accidente de avión en el que mueren sus padres, aprendiendo kung-fu y preparándose para regresar a Nueva York, reclamar su legado y asumir la responsabilidad de ser el Puño de Hierro. Si a eso se le une unos diálogos que se vuelven sonrojantes cada vez que meten referencias a enseñanzas budistas, y que una serie animada como "La leyenda de Korra" tiene mejores peleas y entiende mejor esas enseñanzas de filosofía oriental, podemos hacernos una idea de por dónde van las críticas hacia la serie.

En un panorama tan saturado de series de superhéroes como el actual, éstas tienen que tener una personalidad definida para poder destacar. En el segmento de "millonarios dados por muertos que vuelven convertidos en letales justicieros", el Oliver Queen de "Arrow" funcionaba inicialmente mucho mejor porque apostaba por explorar su sentimiento de culpa, su sensación de que salvar Starling City era su deber y tenía que llevar sobre sus hombros toda la responsabilidad por los males que afectaban la ciudad. Matt Murdock está consumido por su culpa católica en "Daredevil"; Jessica Jones quiere desconectarse, sin demasiada suerte, de todo lo que le rodea, mientras Luke Cage quiere pasar desapercibido en un entorno que no se lo pone nada fácil. ¿Qué pretende Danny Rand? ¿Recuperar su nombre? ¿Y más allá de eso? ¿Qué le motiva?

¿Y a Colleen Wing? ¿Por qué tenemos que creernos esa rabia dentro de ella? ¿Y dónde está la conexión que deberían tener Danny y Joy Meachum? ¿Dónde ese impulso que nos lleve a querer ver no ya más episodios, sino a simplemente terminar el visionado de uno solo? "Iron Fist" está desganada, como si Marvel se hubiera quedado sin ideas y sin chispa para su cuarta serie en Netflix.

13 marzo 2017

El nuevo noir juvenil


Hace unas semanas, The Guardian publicaba un reportaje sobre lo que consideraba algo así como un nuevo subgénero, uno que estaba revitalizando otro ya muy gastado: el teen noir. O lo que es lo mismo, las series juveniles que, para no seguir los mismos caminos de siempre, se habían pasado al misterio, los secretos ocultos y la oscuridad para contar sus historias. El diario británico utilizaba como percha el estreno en BBC3 de "Clique", una serie sobre varias amigas universitarias que empiezan a distanciarse cuando una de ellas entra en una extraña sociedad de alumnos. Creada por una guionista de "Skins", The Guardian la exponía como ejemplo de esos títulos dirigidos al público joven que abogan por mostrar a sus personajes de una manera menos idealizada.

Lo cierto es que esta tendencia no es tan nueva. Una década atrás, ya hubo una aparición de historias de adolescentes pasadas por el filtro del noir, en este caso, un noir muy clásico de la California de Raymond Chandler. Rian Johnson llamaba la atención de los críticos de cine con "Brick", una película que tiraba de todas las convenciones posibles de las historias de detectives privados y las aplicaba a una trama de desapariciones y drogas en un instituto. Un año antes había llegado a la cadena UPN "Verónica Mars", una traslación en estudiante rubia y bajita de high school del sur de California de Philip Marlowe. Esos dos títulos no terminaron de lanzar de verdad el subgénero (probablemente porque ninguno fue un gran éxito de público), pero permitieron que los espectadores ya estuvieran familiarizados con él para cuando Freeform estrenó "Pretty little liars".

El éxito de esa serie es, probablemente, la culpable en parte de ese renacimiento del teen noir del que habla The Guardian. Su cadena se ha pasado años intentando replicar su fórmula con series de misterio con jóvenes guapos en su centro, spin-off incluido, y otros canales se han animado también a probar suerte en ese campo. Los británicos ya tuvieron, antes de "Clique", "Glue", que de paso desmitificaba brutalmente la imagen de la campiña inglesa. y "Thirteen", centrada en un secuestro, y es inevitable no pensar un poco en "Pretty little liars" cuando se ve algún capítulo de "Riverdale", la reimaginación de los cómics de Archie en The CW. En el reportaje de The Guardian mencionan igualmente "Sweet/Vicious", aunque esa serie daría para hablar largo y tendido en otro lugar.

"Riverdale" sí puede ponerse de ejemplo de este nuevo noir juvenil, especialmente, por su estética. La mezcla entre la imagen icónica del Archie de los 50 y 60, las referencias en "Twin Peaks" y "Elephant", el contraste de colores y esa especie de bruma que lo cubre todo le da una identidad visual muy marcada que, de momento, está sosteniendo la trama, que no pasa de las clásicas historias de instituto. Con la diferencia de que, aquí, hay un chico muerto y un montón de secretos familiares que nadie quiere desvelar.

Música de la semana: Últimamente, Radiohead es el grupo favorito de no pocas series. Era uno de los grupos de cabecera de "Westworld", y esa afición ha sido retomada ahora por "Legión", que utiliza "The Daily Mail" para mostrarnos hasta dónde llegan de verdad los poderes de David.

27 febrero 2017

¿Para qué sirven los Oscar?


Al final, la gala de entrega de los Oscar ha dejado el que, por ahora, es el gran momento televisivo del año: cuando Warren Beatty y Faye Dunaway anuncian que la ganadora del premio a mejor película es "La La Land" sólo para darse cuenta, ya con todo el equipo de la cinta en el escenario, que se han equivocado y que la verdadera vencedora es "Moonlight". No hay nada como la televisión en directo, desde luego. Ese error de principiantes, y la catarata de reacciones que ha suscitado, ha hecho que la ceremonia de los Oscar sea mucho más comentada el día después de lo que habría sido de otro modo (las victorias de Viola Davis, Emma Stone, Mahershala Ali y Casey Affleck fueron de todo menos sorprendentes), y también ha llevado a las inevitables opiniones cuñadiles en Twitter sobre si "Moonlight" ha ganado sólo para fastidiar a Trump o si ya estaba bien de tanto encumbrar a "La La Land".

Lo que las nominaciones a estos Oscar, y la gala, han puesto de manifiesto es que los premios de la academia tenían este año un gran nivel y que cumplen una importante función en el mundo del cine, que es descubrir al gran público películas que, de otro modo, no se animarían a ver nunca. O de las que jamás habrían oído hablar. Sólo entre las nueve candidatas a mejor película, ¿cuàntos habríais dedicado la más mínima atención a la propia "Moonlight" o a "Jackie" si no hubieran estado incluidas ahí? ¿O a "Loving" si Ruth Negga no hubiera estado entre las nominadas a mejor actriz? ¿O a dos documentales tan potentes como "Enmienda 13" u "O.J.: Made in America", aunque éste en realidad sea una serie de ESPN?

Y lo mismo puede aplicarse a "Toni Erdmann" o "El viajante", ganadora del Oscar a mejor película en habla no inglesa. Es muy fácil dejarse enredar por las controversias de baratillo de Twitter, por los "no es para tanto" que pretenden rebajar el hype con el que llegan algunas películas a las carteleras españolas y por los ataques a algunas ganadoras de gente que, probablemente, ni ha visto ni su trailer. Lo mejor que puede decirse de estos y de todos los Oscar es que, de vez en cuando, dan una visibilidad inmejorable a cintas pequeñas, o con riesgos narrativos o temáticos que pueden hacerlas ideales para el circuito festivalero pero más complicadas para el público masivo.

Pueden convivir perfectamente taquillazos más que respetables como "Figuras ocultas" con cartas de amor al musical como la propia "La La Land" y con riesgos formales como el de "Jackie", que juega con el tiempo y con los recuerdos de Jacqueline Kennedy para entregar una poderosa historia. O con ciencia ficción tan emocional como "La llegada", una de las que mejor consigue encajar la parte intelectual y la sentimental. Tan merecidos son los premios a "La La Land" (Emma Stone levanta la película cada vez que aparece en ella, y Damien Chazelle se consagra como un director que sabe lo que hace) como el final a "Moonlight", tan intimista y especial que no es plato de gusto para todo el mundo.

¿Que su victoria es política? Pues un poco también. No sólo es una buena película, sino que su historia de hombres negros homosexuales y, en concreto, de lo realmente difícil y casi traumático que es para su protagonista, es toda una declaración de intenciones en medio del clima político y social instaurado por el presidente Trump. Las nominaciones de "Figuras ocultas" y "Loving" también tienen un componente político. Por mucho que se crea lo contrario, el cine no se hace en una burbuja.

Música de la semana: Para la elección de canción semanal vamos a volver a la tele y a "Riverdale", que sigue demostrando buen ojo para ellas. En el cuarto episodio utiliza "Muddy water", de Nick Cave and The Bad Seeds, para cerrarlo.

21 febrero 2017

Un escándalo, Trump y Diane Lockhart


Va a ser muy interesante ver los diez episodios de la primera temporada de "The Good Fight" sabiendo que Donald Trump es presidente de Estados Unidos, que la serie es muy consciente de que lo es y que, ante los puntos de vista tradicionales, por decirlo de algún modo, que el presidente tiene sobre el papel de la mujer en la sociedad del XXI, ya es un título que presenta toda una declaración de intenciones al tener en su centro a tres mujeres de diferentes edades, razas y orientaciones sexuales. Robert y Michelle King, creadores de "The Good Wife" y de su spin-off, explicaban no hace mucho que el título, "la buena lucha" (la lucha correcta), había dejado de ser cínico para pasar a ser idealista. La cara de asombro con la que Diane Lockhart ve por televisión la toma de posesión de Trump se traslada a una burbuja liberal de Chicago (en palabras del propio Robert King) que descubre que su lucha por ciertos derechos está lejos de acabarse.

Aunque "The Good Fight" utilice otro escándalo para arrancar su historia (éste financiero, en lugar de sexual y político), y sea su principal personaje nuevo, Maia Rindell, la que herede un poco parte de la trama de Alicia Florrick lidiando con las consecuencias que dicho escándalo tiene en su vida privada (que deja de serlo), es Diane el gran motor de la serie. La estafa piramidal orquestada por la familia Rindell la deja arruinada y teniendo que posponer sus planes de un retiro dorado en el sur de Francia, y aunque la clase y el nivel de su vestuario no desciende (ni muerta), va a tener que tirar de todas sus reservas de resistencia para superar todos los golpes que va recibiendo en los dos primeros episodios de la serie.

Divorcio, cuentas congeladas, David Lee haciendo de las suyas, socios reticentes a su entrada en un bufete de abogados mayoritariamente negros, una relación distante con Luca Quinn, la otra gran repescada de la serie original, la sensación de que tiene que volver a demostrar su valía, que tiene que escalar de nuevo la cima que ya había conquistado... Todo eso le da a Christine Baranski material de primera para demostrar que puede ser la gran protagonista de su propia serie, y lleva a "The Good Fight" a recuperar el tono y la atmósfera de las primeras temporadas de "The Good Wife", cuando Alicia no era todavía la abogada resabiada y la mujer que no va a permitir que nadie más la humille del final, cuando tenía que ganarse el respeto de los demás a pesar de la losa de su apellido y de ser alguien que, a una edad en la que los profesionales han alcanzado sus metas laborales, ella estaba empezando de nuevo.

En ese aspecto, casi puede decirse que Diane y Maia representan la experiencia de la señora Florrick desdoblada en dos; una tiene que reinventarse en una etapa tardía de su vida, y la otra tiene que sobrevivir como pueda a un escándalo capaz de destruirla. Y esa no es la única similitud con su serie madre. "The Good Fight" muestra que está en el mismo universo, y aunque vaya a ser un poco más directa en el tratamiento de algunos temas (emitirse en CBS All Access le da esa posibilidad), da la sensación de que va a constituir más una evolución, una adaptación de lo que era "The Good Wife" a los tiempos de Trump.

14 febrero 2017

Un aviso de programación


Probablemente os habréis dado cuenta de que, en los últimos meses, el ritmo de publicación en este blog se ha vuelto un poco más errático. Suele pasar cuando el Mundo Real conspira para que quede muy poco tiempo libre que dedicarle a este espacio, y por desgracia, ésta va a ser la tónica general a partir de ahora.

Este diario de Mr. MacGuffin no cierra ni se queda en barbecho, pero sí va a actualizarse con menos periodicidad que hasta ahora. Casi doce años son muchos para un blog y, al final, es un poco inevitable que decaiga el ritmo, que no el interés. Pero hay otros proyectos en el horizonte, de los que enteraréis en breve, que no me permiten seguir escribiendo aquí todo lo que me gustaría.

Así que habrá más entradas "macguffineras", pero quizás sean una o dos a la semana, no diariamente. Eso sí, la canción de la semana y la película y el libro que acabo de ver o que estoy leyendo sí se actualizarán regularmente. De hecho, aunque llegue con retraso, vamos con esa...

Música de la semana: "Unbreakable Kimmy Schmidt" ha lanzado su primer teaser de su tercera temporada, que se estrena el 19 de mayo, dando rienda suelta a Titus Andromedon y su obsesión con Beyoncé homenajeando una parte del videoclip de "Hold up".

07 febrero 2017

El "peligro" de no tomarse en serio


Ayer hubo una pequeña perturbación en la Fuerza en Twitter a cuenta de una lista que la revista GQ publicó de series basadas en cómics. Eran 16 y, con alguna excepción, casi todas eran de superhéroes, y de todas se ofrecía una línea con lo mejor y otra con lo peor que tienen. Teniendo en cuenta la publicación en la que apareció, no es de extrañar que la que ocupara el número 1 fuera "Daredevil", pero lo que más llamó la atención fue que en la última, "Supergirl", se destacara entre lo peor que "es tan alegre y jovial que chirría. Solo se toma en serio a sí misma en los cinco primeros episodios".

Ahí está el quid de la cuestión. Esa lista de GQ representa bastante bien cómo, en el caso concreto de las series comiqueras, se valoran más los títulos más oscuros, más serios y, a ser posible, con trama serializada, que los capítulos autoconclusivos son "de vagos". Por eso, el top 3 de esa lista lo tienen "Daredevil", "Jessica Jones" (aunque parece que sólo les interesaba Kilgrave) y "The Walking Dead"; son tres títulos en los que sus protagonistas cargan con el peso del mundo sobre sus hombros, en los que la oscuridad lo permea todo, ya sea porque Matt Murdock actúa sobre todo de noche, o por lo perturbador del poder de Kilgrave o porque Rick y los suyos están en medio de un apocalipsis zombie.

Una pátina de trascendencia y oscuridad ayuda a dar la primera impresión de que la serie tiene que ser tomada en serio. Cuanto menos humor haya, mejor. Ni el sarcasmo se permite. Dios nos libre de darnos cuenta de lo divertida que era "The Wire", por ejemplo. Pero es quedarse con una visión muy corta y pequeña de la ficción, y no ver las series por lo que son. "Supergirl" y "Legends of tomorrow" (que sí merece más estar en el último puesto) son claras respuestas a la excesiva seriedad de "Batman v Superman", por ejemplo. La primera es muy consciente de que los primos kryptonianos empezaron siendo faros de esperanza y optimismo, y ése es el camino que adopta, y la segunda quiere aspirar a conseguir el tono de las historias de aventuras ochenteras. ¿Tiene algo de malo que no se tomen a sí mismas en serio? A veces, ahí está el truco para conseguir series que realmente funcionen.

De hecho, a veces hay que recelar de las producciones que se precian de ser muy oscuras y de hablar de cosas muy importantes. Ese tono no se puede mantener durante mucho tiempo sin caer en el bajón y en utilizar la aspiración de trascendencia para ocultar faltas de ideas, por ejemplo. La misma "Daredevil" es un caso claro de las virtudes y defectos de su enfoque. La primera temporada funcionaba porque se construyó un buen villano (Wilson Fisk), los matices de la personalidad de Matt estaban bien reflejados y la dinámica entre el propio Matt, Foggy y Karen era realmente entretenida. En la segunda entrega, sin embargo, se quiso redoblar la oscuridad, redoblar las amenazas y ponerse más serios, y en ocasiones cayeron en ser un "Arrow" con ínfulas. No tomarse demasiado en serio a sí mismo siempre es algo muy sano, hasta en una serie de televisión.

05 febrero 2017

En defensa de "Girls"

"Creo que puedo ser la voz de mi generación. O, al menos, la voz de una generación". Ese chiste casi al final del primer episodio de "Girls" ha terminado definiendo el 85% de las críticas que se le han hecho a la serie creada por Lena Dunham, que la semana que viene arranca su sexta y última temporada en HBO. Las más feroces se tomaban esa afirmación en serio, como si no se hubieran dado cuenta del tipo de serie que estaban viendo, y confundían al personaje con la actriz que lo interpretaba (y la guionista y directora que lo había puesto en pie). Cualquier ataque contra "Girls" pasó a ser directamente contra la propia Dunham; que si nepotismo, que si está obsesionada con salir desnuda, que si no hay diversidad racial (una crítica que Dunham sí ha reconocido que es acertada), que si sus personajes son una panda de malcriados, egocéntricos...

Posiblemente ya hemos comentado otras veces que, precisamente, la gracia de "Girls" está en que sí, sus personajes son unos malcriados egocéntricos, y la serie lo sabe y no les pasa ni una. Nos enseña todas las meteduras de pata de Hannah, todos los castillos en el aire de Marnie, todas las dudas de Shoshanna y todos los problemas de Jessa para que veamos que las cuatro son más que meros arquetipos, que no son como las chicas veinteañeras que suelen protagonizar series de televisión. No son agradables, ni adorables, ni la mejor amiga sarcástica o la protagonista fuerte; son cuatro veinteañeras de la generación millennial, de la que creía que sólo tenían que ir a la universidad para tener la vida solucionada y se considera lo más especial del mundo. La mayor revelación de "Girls" la tuvo la propia Hannah en la segunda temporada, en aquel capítulo en el que pasaba un fin de semana en casa de un médico divorciado con la pinta de Patrick Wilson: ella no es especial, sino que quiere lo mismo que quiere todo el mundo.

El camino a la realización de las cuatro de que no son faros únicos de luz en el mundo, que hay vida más allá de sus propias necesidades (si supieran cuáles son), es lo que ha estado contando "Girls" en estas seis temporadas. Ha tenido sus altibajos y sus equivocaciones, pero la lucidez del retrato de sus protagonistas tiene pocos iguales en la televisión actual. The New York Times dedicaba un reportaje a las seis maneras en la que "Girls" había cambiado la ficción estadounidense, y quizás las más interesantes sean la falta de miedo a tener protagonistas femeninas imperfectas y la aparición de muchas más comedias de corte indie y con una voz muy personal detrás. "Broad City", "Insecure", "Master of none" o "Search Party" le deben todas parte de la razón de su existencia al camino que abrió Lena Dunham, y ese camino, además, ha estado lleno de grandes momentos.

Porque "Girls" no es sólo "One man's trash" o "The panic in Central Park", el mejor episodio de la quinta temporada. También es una colección de situaciones humorísticas realmente divertidas, pero no del modo tradicional de una comedia televisiva. Está la crisis de Shoshanna al darse cuenta de que ha tomado crack en una fiesta, la versión a lo lounge music de Kanye West de Marnie, el retiro femenino para divorciadas al que va la madre de Hannah o ese chiste inicial, ese "soy la voz de mi generación" que Hannah les dice a sus padres colocada, pretendiendo que lean su "novela" allí mismo y como excusa para que no dejen de pasarle dinero. Probablemente, la última temporada no va a otorgar redenciones a las chicas ni va a convertir a Hannah en una protagonista más fácil de "querer". Pero seguro que va a ser interesante de ver.

Música de la semana: "Girls" es, también, una de las series que mejor rueda escenas en discotecas y fiestas. En la quinta temporada, con la estancia de Shoshanna en Japón, nos enseña un concierto de FLiP, una banda femenina japonesa que empezó en el punk y luego ha evolucionado hacia algo más pop. "Girl", la canción que abre y cierra ese episodio, es de ese último disco.

03 febrero 2017

La memoria de Juan Elías


"Sé quién eres" se abre con una imagen que es, de paso, una metáfora del estado mental de su protagonista, Juan Elías, poderoso abogado de Barcelona involucrado, al parecer, en la desaparición de su sobrina. Él alega amnesia, después de haber sufrido un accidente de tráfico, y lo primero que vemos en la serie es al propio Elías, caminando solo, en medio de la niebla, por una carretera. Poco a poco, la niebla se despeja y se da cuenta de que, efectivamente, está en una carretera en medio de un bosque. La claridad se hace en el plano, pero no en la mente de Elías. O eso dice él. Aunque también puede ser que la claridad que adquiera sea otra, y no la de sus recuerdos.

Ahí está el juego y el misterio de esta serie de Telecinco, obra del equipo que forman Ivan Mercadé en los guiones (como coordinador, en este caso) y Pau Freixas en la dirección, un equipo responsable también de "Cites". La sobrina de Juan no aparece, pero se encuentra su sangre en el coche de él, y su socio en el bufete y su mujer, jueza, cierran filas para intentar salvar los muebles. ¿Pero qué está pasando en la cabeza de Juan? ¿Realmente no recuerda nada? ¿O no es más que un engaño? ¿De verdad le horroriza descubrir la clase de hombre que era antes del accidente? A su alrededor se mueve también la familia de su sobrina y un joven bufete de abogados contratado como acusación particular, más el policía encargado de investigar el caso. Todos ellos buscan a Ana Saura con sus propios intereses de por medio.

Porque gran parte de la gracia de "Sé quién eres" no sólo es averiguar hasta qué punto está siendo sincero Juan Elías, sino qué buscan todos los involucrados en el caso, qué provecho quieren sacar. Esto no es tanto como el retrato que "Forbrydelsen" o "The Killing" hacían de la familia de la chica asesinada en sus primeras temporadas, una familia rota por el dolor. Aquí hay más cinismo. Todos pueden estar preocupados por el paradero de Ana, por si está muerta, pero no dejan de calcular las probabilidades de que el caso les hunda o les beneficie.

Apenas se han emitido tres episodios, así que es pronto para saber si "Sé quién eres" acabará como una de las revelaciones de la ficción nacional de este 2017. De momento, apunta buenas maneras, incluso con algunas interpretaciones muy acartonadas y esa manía de las series españolas de no mencionar explícitamente la ciudad en la que transcurren, aunque en ésta ha llegado a verse el letrero de un hotel que decía "Meliá Barcelona Sky". El misterio se va desenredando al ritmo corecto para engancharnos y, al mismo tiempo, que no parezca que están jugando con nosotros, y Elías es lo suficientemente enigmático como para no nos cansemos de su excusa eterna de "no recuerdo nada", o de su desprecio al ver la vida que llevaba antes. Porque puede estar amnésico, puede afirmar que ya no es aquel hombre, pero la arrogancia del abogado estrella sigue estando ahí.

01 febrero 2017

Justicia para Jules


ALERTA SPOILERS: Seguid leyendo sólo si habéis visto el final de la primera (y esperemos que no única) temporada de "Sweet/Vicious".

La primera temporada de "Sweet/Vicious" ha caminado una cuerda floja muy difícil. Su mezcla de historia de justicieras, de comedia negra universitaria y de drama casi de denuncia sobre la cultura de la violación en los campus estadounidenses no era sencilla de conseguir, y mucho menos de mantener durante diez capítulos de una hora. Se corría el riesgo de frivolizar y sensacionalizar el tema, o de victimizar y culpabilizar demasiado... El equilibrio se ha mantenido de una manera que ha convertido a la serie de MTV en una de las mejores de este arranque de 2017, aunque se estrenara a finales del año pasado, pero sus audiencias han sido tan bajas, que The Hollywood Reporter la ha bautizado como "la mejor serie de la que nunca has oído hablar".

"Sweet/Vicious" se ha dado cuenta también de que no podía alargar indefinidamente que Jules y Ophelia no se metieran en problemas por sus actividades de justicieras. Los dos episodios sobre la búsqueda de la policía del vigilante enmascarado (búsqueda hecha siguiendo los protocolos que se siguen en caso de tiroteo) y sobre la violación de Jules, que vemos en varios flashback, han sido, probablemente, los mejores de la temporada por como lo centraba todo en el intento de una de sus protagonistas por asumir lo que le pasó e intentar superarlo, aunque realmente nunca vaya a hacerlo. No perder de vista cuál era su centro emocional ha sido uno de sus grandes logros, eso y que la trama nunca se ha detenido.

Si Jules y Ophelia empezaban a coquetear peligrosamente con que las descubrieran (sobre todo a través de la investigación de Harris y de sus propios errores), alguien tenía que acabar descubriéndolas, del mismo modo que no podía dilatarse durante demasiado tiempo la confrontación de Jules con Nate y Kennedy. El primero acaba retratado como alguien demasiado encantado con su privilegio de deportista blanco con buenas conexiones, que no es capaz de pensar que puede haber hecho algo malo o que no puede coger cualquier cosa que le venga en gana. A Nate no le entra en la cabeza que lo que hizo con Jules estuvo mal, y la manera en la que parte de los alumnos, y la directiva de la universidad, lo apoyan expone el principal objeto de crítica de "Sweet/Vicious", que es la respuesta de las instituciones y la culpabilización de la víctima. En cuanto a Kennedy, su evolución a lo largo de los diez episodios, de no fiarse del todo a Jules a apoyarla incondicionalmente, ha estado mejor llevada de lo que parecía en un principio.

El cierre de la temporada ha representado todo lo que ha hecho de "Sweet/Vicious" un visionado muy disfrutable. Ha tenido momentos emocionales y emocionantes, ha dejado abierta la posibilidad a que Jules y Ophelia tengan la contribución de casi todos los alumnos en sus actividades como justicieras (elaborando unas tramas a la altura de "Veronica Mars"), y no se ha olvidado de los toques de humor. Se la echará mucho de menos si MTV decide no seguir con ella.

31 enero 2017

Las personalidades de Shyamalan


ALERTA SPOILERS: Se puede hablar sobre la película "Múltiple" sin spoilers, pero como lo que más me interesa es, precisamente, la revelación que va construyéndose durante todo su metraje, es mejor que no sigáis leyendo si no la habéis visto.

A principios de los 2000, todas las películas de M. Night Shyamalan se vendían como cintas de terror. Daba igual que fueran dramas sobre el miedo al exterior, como "El bosque", o cuentos como "La joven del agua", los trailers y la promoción enfatizaban siempre lo mismo: un aire inquietante que no siempre estaba ahí.

Una de las que sufrió más la consecuencias de esa discrepancia fue "El protegido" ("Unbreakable"), una historia en la que Bruce Willis daba vida a un hombre corriente que era "irrompible", podía sobrevivir a todo tipo de accidentes y sucesos violentos, y al que buscaba desesperadamente un Samuel L. Jackson cuyo personaje era su opuesto, alguien que desde pequeño había tenido huesos de cristal y había acabado confinado en una silla de ruedas. Ni siquiera que Jackson fuera un fan de los cómics dio pistas en su momento al público de que no estaban viendo una de miedo, sino una de superhéroes. "El protegido" es, en realidad, la historia de origen de un héroe y un villano, que se va desvelando poco a poco. Parece que, al principio, estamos viendo un drama alrededor de la familia del personaje de Bruce Willis, y las cartas superheroicas se muestran con el paso de los minutos.

Algo similar ocurre con "Múltiple", la última película de Shyamalan. Inicialmente, da la sensación de que vamos a ver una de terror con tres chicas a merced de un psicópata que, además, tiene trastorno de personalidad múltiple, pero se ni van ofereciendo pistas de que, tal vez, estemos ante otra cosa. La charla de la psicóloga de que las personas como Kevin pueden ser un paso más allá en la evolución, de que puede considerarse un superpoder que sean capaces de fragmentar su personalidad como respuesta a un gran trauma, ya hace sospechar de que Shyamalan es muy fan de los mutantes de X-Men. La manera en la que aparece la personalidad número 24, la Bestia, y el hecho de que sea algo así como su propia versión del Increíble Hulk es un gran indicador de que "Múltiple" es la historia de origen de un supervillano.

El propio Shyamalan ha explicado que Kevin, en realidad, debería haber salido en "El protegido", pero que era demasiado potente y nunca terminaba de encajar en la película que él quería contar. Así se explica esa última escena en el restaurante, que conecta ambas cintas como pertenecientes a un mismo universo, el de los superhéroes de Shyamalan. Y éstos están a pie de calle, y sus poderes aparecen como respuesta a algo muy concreto que ocurre en sus vidas. ¿Llegaremos a ver un David Dunn vs La Horda?

29 enero 2017

Por la seguridad nacional


ALERTA SPOILERS: Si no habéis visto los dos primeros episodios de la sexta temporada de "Homeland", es mejor que no sigáis leyendo.

La amenaza de un golpe de estado interno en Estados Unidos era uno de los asuntos favoritos de unos cuantos thrillers políticos de los 60 y los 70. "Siete días de mayo" es uno de los más evidentes: varios generales conspiran para derrocar al presidente porque está a favor del desarme nuclear, y ellos creen que los deja expuestos a un ataque de la URSS. La trama que introduce "Homeland" al principio de su sexta temporada con la nueva presidenta, recién elegida, y los temores que la CIA y el ejército tienen sobre ella, parece estar influida directamente por esa película de John Frankenheimer. Esas reuniones clandestinas de Dar Adal, ¿están planteando la posibilidad de un golpe de estado encubierto?

Al mismo tiempo, tenemos a Carrie Mathison que, aunque está asesorando en secreto a la nueva presidenta en temas de inteligencia, trabaja realmente en un bufete de abogados que se dedica a ayudar a personas que han sido arrestadas con cargos de riesgo para la seguridad nacional. Carrie es cada vez más crítica con la estrategia de Estados Unidos y, especialmente, de la CIA para luchar contra el terrorismo integrista, y traslada esas críticas a un trabajo en el que ve a personas que acaban detenidas más por ser demasiado ingenuas que por tener realmente conexiones terroristas. Su nuevo cliente es un chico que tiene una página web en la que critica a Estados Unidos y ensalza a sus enemigos, y cuyo padre fue deportado de vuelta a Nigeria catorce años atrás.

De momento, parece que ambas tramas están separadas, pero es de esperar que acaben confluyendo. Sobre todo porque empiezan a pintar un panorama con el que "Homeland", si decide adentrarse por ahí, puede estar criticando justo esa política anti-terrorista de Estados Unidos, que parece una extrapolación directa de la denominada "guerra contra las drogas": detén a cualquiera con las conexiones más indirectas con cualquier cosa mínimanente relacionada con el fundamentalismo islámico. Y no cambies dicha política, porque se ha creado toda una industria de compañías privadas de seguridad a su alrededor.

Todavía es pronto para saber si la serie va a acabar yendo por ahí, pero es un punto de partida muy interesante. Mientras tanto, Carrie sigue queriendo que Saul Berenson y la CIA la dejen en paz, y Saul sigue sin fiarse de que ella haya abandonado del todo ese mundo. Lo que ella hace es trasladar su modo de operación cuando trabajaba para la agencia al bufete, porque Carrie no puede dejar de ser Carrie. Si cree que se está produciendo una injusticia, que hay algo que nadie más está viendo, no va a parar hasta resolverlo. Y tampoco a dejar en la estacada a un Quinn que debería estar muerto, y que no acepta demasiado bien seguir vivo.

Música de la semana: Como no podía ser de otra manera en una serie de The CW, el primer episodio de "Riverdale" está repleto de canciones de los grupos más a la última. La que cierra el capítulo es otra favorita de "American Horror Story" y encaja perfectamente con la atmósfera que se le quiere dar a la serie. Es "The passenger", de la banda berlinesa de electropop Hunter as a Horse.

27 enero 2017

El paraguas del instituto


El género de instituto es mucho más flexible de lo que puede parecer en un principio. Sí, tiene unas normas y unos arquetipos muy definidos, y que todo el mundo sigue, pero dentro de ese conjunto de reglas preestablecidas hay bastante margen para contar otras historias que vayan más allá del coming of age, de la maduración de su protagonista hacia algo más parecido a un adulto. Se pueden hacer comedias negras, thrillers de terror, dramas personales muy intensos, historias de ciencia ficción, de superhéroes, noir... El instituto no es más que un escenario. Aunque marque el comportamiento de sus personajes, sólo es el fondo sobre el que "pintar" el cuadro que realmente interesa.

"Riverdale" es un ejemplo de esa elasticidad. La serie de The CW no inventa nada nuevo (al menos, no lo hace en el piloto), pero da unas pinceladas de que un título teen, como el vetusto "Archie", puede renovarse para añadir toques de misterio y de comedia de diálogos sarcásticos. En Estados Unidos, "Archie" es toda una institución, una que estableció en los años 30 las bases para todo el género de instituto posterior con sus claramente delimitados protagonistas, del idealizado buen chico a la "vecina de al lado" o la popular que desprecia a quienes considera que están por debajo de ella en la escala social. La televisión estadounidense está obsesionada con la adolescencia y, en especial, con la sensación de que, para algunos, el instituto fue la época en la que tocaron techo, en la que dieron de sí todo lo que podían. Si a eso le añadimos triángulos amorosos y asesinatos con oscuras ramificaciones, no es de extrañar que "Riverdale" sonara tan atractiva para la cadena.

Realmente, la serie se presenta como un híbrido complicado, un cóctel que utiliza bastantes elementos, en teoría dispares, para contar su historia. Están el componente de "pueblo pequeño lleno de secretos" (de ahí vienen las comparaciones con "Twin Peaks", por ejemplo), los diálogos a medias entre "Glee" y "Dawson crece" (y con tantas referencias pop como los de "Veronica Mars"), las complicaciones sentimentales (y sexuales) propias de "Gossip Girl" (más un personaje que lo cuenta todo en voz en off, como si fuera un narrador omnisciente), el drama entre los padres que podía haber en "The OC"... Este Archie quiere ser más moderno, estar más en la línea de las series que se llevan ahora, y quienes disfruten con el género de instituto, van a encontrar una serie muy disfrutable.

El reto, como siempre, será su evolución. "Veronica Mars", por ejemplo, tenía muy claro que era, en realidad, una serie de detectives, mientras "Gossip Girl" sabía que era un culebrón de lujo. "Riverdale" empieza presentando el toque de misterio en medio de su historia de instituto, y será cuestión de ver cuál de sus dos partes gana más peso, o si se integran bien en el resto de la temporada.

26 enero 2017

Barry Allen contra el futuro


ALERTA SPOILERS: Si no habéis visto el regreso de la tercera temporada de "The Flash" tras el parón invernal, no sigáis leyendo.

"The Flash" ha estado jugando con los viajes en el tiempo desde la mitad de su primera temporada. Entrenando para ser más rápido que Reverse Flash, Barry viaja accidentalmente un par de días al pasado, y empieza su mala costumbre de que, cada vez que algo no sale como él quiere, viaja atrás en el tiempo e intenta arreglarlo. Es verdad que cualquiera regresaría a rescatar a sus padres si tuviera esa habilidad, pero ya ha quedado demostrado que, cada vez que Barry Allen va al pasado a solucionar algo, acaba empeorando la situación en el presente.

Y en el futuro, como queda claro en este tramo intermedio de la tercera temporada. Aunque Flashpoint fuera liquidada en el primer capítulo, sus ramificaciones se dejaron sentir hasta en el crossover a cuatro bandas del pasado mes de diciembre, y conforme transcurre la temporada, Barry cada vez es más consciente de la enorme responsabilidad que conlleva poder viajar en el tiempo. "Borrowing problems from the future", el episodio con el que la serie vuelve de su parón invernal, da un giro un poco diferente a lo que hemos estado viendo hasta ahora al hacer que Barry tenga, en su lugar, una visión del futuro más cercano, de un futuro en el que, como ocurrió en la cuarta temporada de "Arrow", sabemos que alguien va a morir a tiempo para el final de temporada. Y que ese alguien va a ser Iris, a manos de Savitar.

Ya tenemos el impulso de esta segunda mitad de la tercera entrega: intentar cambiar el futuro. Es uno de los grandes dilemas de las historias de viajeros temporales, y que explica perfectamente HR. El futuro puede ser maleable, sólo uno de los diferentes posibles, o cualquier paso que des acabará llevando a que ocurra lo que querías evitar. Al final, es una vuelta de tuerca a uno de los pilares sobre los que se asienta últimamente "The Flash", que son las consecuencias de jugar con el tiempo. Está bien que a Barry y Wally les encante tener poderes, pero han de ser conscientes de que no pueden creerse con derecho a actuar sin pensar en las consecuencias.

La muerte de Iris, y la conversión definitiva de Caitlin en Killer Frost, son los dos objetivos hacia los que se encamina la temporada, y que dan un mayor peso a la lucha contra Savitar. Ahora, es un villano contra el que Barry y compañía están implicados directa y emocionalmente, y eso siempre ayuda a que el malo funcione mejor. Lo divertido de este episodio es que, entre los eventos que tienen que cambiar para evitar que el futuro suceda como lo vio Barry, figura que Music Meister, villano creado originalmente para la serie "Batman: The Brave and the Bold", recibe un jugoso contrato para escribir un libro. Así, con una sola línea, ya está preparado el crossover musical con "Supergirl".

24 enero 2017

Matemáticas y matrimonio basados en hechos reales


Por esas casualidades de las fechas de estreno en la cartelera española (que a principios de año está dominada por las aspirantes a los Oscar), han coincidido dos películas que cuentan historias poco conocidas de la lucha por los derechos civiles de la comunidad negra en Estados Unidos. Una de ellas es "Figuras ocultas", centrada principalmente en Katherine Johnson, matemática que empezó a trabajar para la NASA calculando las trayectorias de sus primeros vuelos tripulados, los del Proyecto Mercury, a principios de los 60. La otra es "Loving", centrada en Richard y Mildred Loving, que en 1968 consiguieron que el Tribunal Supremo de Estados Unidos derogara todas las leyes contra el matrimonio interracial que aún estaban en vigor en el país. Ambas se ambientan, más o menos, en el mismo periodo temporal, pero la manera en la que cuentan sus historias no podrían ser más diferentes.

"Figuras ocultas" es un clásico crowd-pleaser, una película con vocación de éxito masivo con tres protagonistas con fuerza y mucha personalidad, que lanzan one liners, miradas retadoras y discursos de indignación y empoderamiento en cuanto tienen ocasión. La película las presenta como tres heroínas (Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson fueron pioneras muy importantes en la NASA) que tienen que superar la doble discriminación de ser mujeres y, además, negras. La primera las constreñía al trabajo de computadoras, a hacer los cálculos básicos de los proyectos en los que trabajaban los ingenieros; la segunda restringía hasta su acceso al cuarto de baño, y las confinaba en un edificio aparte, nombrado con el eufemismo de "Grupo Oeste de Computación". La película construye personajes atractivos y logra que en Katherine (Taraji P. Henson) lo más importante sea su brillante capacidad matemática (aunque no puede librarse de la inevitable trama romántica). "Figuras ocultas" tira más del efectismo (los "villanos" son demasiado unidimensionales), pero lo que cuenta es interesante y atractivo.

En el otro lado del espectro está "Loving", que es una película independiente escrita y dirigida por alguien con un estilo muy marcado como Jeff Nichols. Su tema es muy importante (Loving v Virginia fue la base para que el Tribunal Supremo estadounidense legalizara en 2015 el matrimonio homosexual) y podría haber dado para una película en la que se enfatizara el proceso judicial, la injusticia del caso y se potenciara el lado heroico de la pareja central. Sin embargo, "Loving" huye de todo eso. Opta por contar la razón por la que el caso llegó al Supremo, que es la historia de amor entre Richard y Mildred, dos personas sencillas, pobres, de una comunidad rural en la que nadie cerraba con llave las puertas de sus casas y que sólo querían criar a sus hijos en su hogar del estado de Virginia. Richard, sobre todo, hablaba poco y no le gustaba la atención, y la película sigue la personalidad calmada de sus protagonistas.

No hay grandes alegatos contra la injusticia, ni siquiera grandes expresiones abiertas de racismo, aunque queda muy claro en todo momento el clima al que se enfrentan los Loving. Y el retrato de ambos, a cargo de Joel Edgerton y Ruth Negga, es tan intimista, sensible y digno, y nunca busca la pornografía emocional, que todavía es más destacable. No deja de ser curioso que dos películas ambientadas en, más o menos, la misma época y con personajes que pelean porque se reconozcan sus derechos sean tan diferentes en su manera de abordar sus tramas.

22 enero 2017

Los debates de las Álvarez


AVISO SPOILERS:  Sólo por si acaso, aquí se van a discutir las evoluciones de la primera temporada de la comedia de Netflix, "Día a día". Ya sabéis qué quiere decir eso.

En las sitcom de corte social inspiradas por el guionista Norman Lear, lo habitual es que los personajes aborden el tema de la semana de frente y sin sutilezas. Si hay polémica porque a algún miembro de la familia todavía le gusta Bill Cosby, se entra en una discusión sobre si el juicio de una obra de arte debería estar separado de la opinión que tengamos del artista (algo que centró un capítulo de "The Carmichael Show"), y si alguno de los hijos le confiesa a su madre que es homosexual, se van a suceder las conversaciones sobre cómo aceptar ese reconocimiento. Si, además, la comedia está en Netflix y lanza toda su temporada a la vez, hasta se puede otorgar cierta serialización a los episodios con ese asunto como nexo de unión.

Ésa es la táctica de "Día a día" con la "quinceañera" de Elena y su asunción de que es lesbiana o, como mínimo, no es heterosexual. Es una historia basada en la propia familia de Mike Royce, uno de los showrunners de la comedia, y va dejando gags recurrentes, pequeños comentarios aquí y allá y, finalmente, el gran clímax emocional de la temporada, cuando su padre se marcha de la celebración, incapaz de asumir lo que su hija acaba de contarle, y toda la familia acaba bailando con ella una versión de "De niña a mujer" (nunca subestimes el poder de Julio Iglesias). El modo en el que Penélope, su madre, va hablando con otras personas para intentar entender por qué le cuesta aceptar directamente que Elena es gay es el exponente más claro de cómo trata "Día a día" los asuntos más serios; eso, y el razonamiento de Lydia con Dios y el Papa.

"Día a día" no busca ser sofisticada y sutil; si tiene que hablar sobre la pesadilla burocrática de los ex soldados para recibir tratamiento médico cuando vuelven a casa, pues se hace estructurando un episodio alrededor de una llamada de teléfono en espera, y si hay que tratar un asunto como la inmigración, se ofrece el lado más humano posible, que es el de las familias que se separan fortuitamente y que no vuelven a encontrarse nunca más. Los orígenes en Cuba de los Álvarez, y las consecuencias emocionales de la emigración (el exilio, más bien, en su caso) y lo complicado que puede ser aceptar que tu hijo es homosexual son los dos grandes debates de la serie, los dos grandes temas de sus conversaciones y sus discusiones, y como afectan muy personalmente a sus personajes, son los que mejor funcionan.

Pero, además, "Día a día" puede presumir de tener a un dúo protagonista a prueba de bombas. Entre el exceso y, al mismo tiempo, la empatía de Rita Moreno como Lydia, y la versatilidad y la calidez de Justina Machado como Penélope, la serie no tiene más que colocarlas juntas en un plano para que ninguna escena sea aburrida. Sus discusiones sobre religión, el tratamiento de la depresión o la educación de los hijos (y la divertida manera en la que intercalan palabras, o frases enteras, en español) resultan entrañables, graciosas y todo un tratado de interpretación en una sitcom, en el mejor sentido de la palabra. Y ayudan a darle a "Día a día" su centro emocional, que es por lo que acaba destacando.

Música de la semana: Entre las películas que suenan para figurar en las próximas nominaciones al Oscar, que se anuncian el martes, está "Figuras ocultas", la historia real de las mujeres que calcularon la trayectoria de las misiones espaciales del proyecto Gemini y, en concreto, Katherine Johnson. Una parte importante de la banda sonora es de Pharrell Williams, productor también de la película, y una de sus canciones más destacadas es "Runnin'".

20 enero 2017

El ciclo del hype y el backlash


El próximo martes se anuncian las nominaciones a los Oscar, lo que quiere decir que este fin de semana va a llegar la avalancha de películas con posibilidades de estar presentes en la gran ceremonia del 24 de febrero. La gran favorita, a priori, aterrizó en los cines españoles el viernes pasado y, desde entonces, se ha producido el inevitable ciclo del hype y el backlash que sigue a todas las películas y series que llegan precedidas de una gran expectación. En el caso de "La La Land", en España ese ciclo se ha comprimido en apenas una semana, y motivado por los meses de críticas entusiastas tras sus primeros pases en los festivales de Venecia y Toronto y sus victorias en los pasados Globos de Oro.

Se ha pasado de decir que es una película para quedarse a vivir en ella a sacarle punta a todos los defectos de su guión (parte de estas dos corrientes de pensamiento se refleja en el podcast especial que La sexta nominada dedicó a la cinta de Damien Chazelle), y después de arrasar en los premios de HFPA, se han multiplicado las think pieces en Estados Unidos criticando todo lo criticable sobre ella. Es un asunto de acción y reacción, o el efecto "Brokeback Mountain"; cuantos más elogios recibas, y más aura de favorita al Oscar tengas, más fuertes serán los palos que te van a dar. Y más todavía en una película como "La La Land", con una apuesta estilística y emocional muy clara, y que crea tanto adhesiones incondicionales como rechazos fervientes.

A cualquier hype elevado, le seguirá una dosis similar de backlash, y la fórmula se hará más intensa cuanto más tiempo pase entre las primeras reacciones y el visionado por parte del gran público. Si las películas en concreto se salen del cinismo que parece dominar actualmente las críticas en redes sociales, las opiniones en contra aún se harán notar más. Y, como hemos comentado muchas veces, no hay nada peor que verlas con la preconcepción de que, como todo el mundo las da como favoritas a tener muchas nominaciones al Oscar, tienen que ser todas lo mejor que ha hecho nunca Hollywood, o nos parecerán una decepción.

De momento, "La La Land" apunta a funcionar más que bien en taquilla (conseguir entradas en los cines de VOSE de Madrid el pasado fin de semana era complicado) y a llegar a los Oscar con serias posibilidades de convertirse en una de las protagonistas principales de la noche. Nos hartaremos de ver a Ryan Gosling y Emma Stone en actos promocionales diversos y de leer artículos a favor y en contra de la película, y a lo mejor hasta su éxito incrementa la popularidad de "Dear Evan Hansen", el musical que los dos letristas de las canciones, Justin Paul y Benj Pasek, tienen en cartel en Broadway.

19 enero 2017

Los triples mortales con tirabuzón de Steven Moffat


La sexta temporada de "Doctor Who" es, probablemente, la que mejor representa la querencia por las revelaciones sorpresa y los giros de última hora de Steven Moffat cuando construye misterios. El astronauta en el lago, la identidad de River Song y el Silencio presentaron un enigma inicial que, como mínimo, picaba la curiosidad de los espectadores, pero que dio varias vueltas de más sobre sí mismo para resolverse al final de la temporada. Es algo que también se notaba en la miniserie "Jekyll" (aunque acababa optando por dejar más cosas sin resolver) y que se ha llevado casi al extremo en "Sherlock". Al fin y al cabo, el inteligente detective necesita misterios que lo pongan de verdad a prueba.

Esa serie esconde dos facetas: una más ligera y juguetona, en la que las deducciones de Holmes buscan más la diversión, y otra más oscura y trascendental, en la que los villanos idean tramas retorcidas para derrotar a Sherlock y hundirlo en la más absoluta de las miserias. Ese lado más oscuro tiende a descontrolarse con demasiada facilidad; el final de la tercera temporada es un buen ejemplo de cómo la necesidad de sorprender al espectador, de llevar a su protagonista siempre a un paso del precipicio, termina por eliminar ese componente de diversión que enganchó inicialmente a buena parte de sus fans.

El sentimentalismo no se le da bien a "Sherlock". Su personaje puede tener un corazón mayor de lo que parece, oculto bajo su misantropía externa y su sarcasmo, y que seamos capaces de verlo lo humaniza, pero la serie carga demasiado las tintas cuando quiere, precisamente, que lo veamos. El elaborado intento de que Watson lo perdone en la cuarta temporada acaba pecando, en su explicación final, justo de un exceso de sentimentalismo que, además, no deja en buen lugar al afligido doctor. Acaba destacando más su sentimiento de que es superior moralmente a Sherlock, de que es mejor que él, de que su dolor está más "ganado", por decirlo de algún modo, y es el único válido. Era evidente que la relación entre ambos no podía quedar igual tras el final del primer episodio de la temporada, pero quizás se fue un poco de las manos.

Siempre ha pendido sobre "Sherlock" la tentación de demostrar que es la más ingeniosa y la más rápida, de comportarse como el propio Holmes en esa fatídica escena del acuario. Y también acaba sufriendo de algo inevitable al construir misterios, que es que las respuestas dejen al espectador indiferente. Pero, a veces, eso no es culpa de la serie. Presentar un enigma resulta más interesante que resolverlo.

18 enero 2017

Siete series de superhéroes

Una de las quejas más habituales sobre el estado del cine comercial contemporáneo es que está saturado de superhéroes. Los planes de Marvel y DC (y Fox con sus mutantes de la primera) van a copar los veranos de los próximos años, hasta la década de 2020, así que no es tan extraño que haya espectadores que estén cansados de estas historias. Y en televisión, la situación no es demasiado diferente. Las dos compañías tienen sus proyectos para explotar otras partes de sus catálogos centrándose, además, en aspectos que en el cine reciben menos atención, y también hay quejas de espectadores que consideran que la verdadera burbuja seriéfila es la de los títulos de superhéroes.

Pero éstos no son un género en sí mismos. Son más un paraguas para contar dramas familiares, misterios policiacos o aventuras de ciencia ficción. El impulso de casi todos los creadores que los utilizan en sus series es ver qué tipo de historia hay debajo de las capas (es lo que mueve a los guionistas que trabajan con Greg Berlanti en The CW), y así es como se pueden conseguir títulos que presenten apuestas distintas. Con el estreno de uno de los últimos en llegar a la vuelta de la esquina ("Legión", en FX, el 8 de febrero), no es mala idea recordar siete series de superhéroes (o partes de esas series) que merecen la pena para introducirnos en este mundo o por si se nos habían escapado.

- "Batman, la serie animada": La cantidad de títulos superheroicos que se hacne en dibujos animados dificulta mucho hacer un mínimo seguimiento de lo más interesante, sobre todo tras la compra de Marvel por parte de Disney. Pero la "Batman" de los 90 sigue siebndo un estándar a seguir por todas ellas. Su dibujo. un poco más oscuro de lo habitual, la intro con parte de la música que Danny Elfman compuso para la película de Tim Burton, la manera de contar las historias e integrar a los villanos... Unos 25 años más tarde, aún es de los mejores títulos de superhéroes, y de las mejores adaptaciones de los cómics de Batman.

- "Agent Carter": Esta breve serie de ABC, de sólo dos temporadas, era un spin-off de "Capitán América. El primer vengador" centrado en Peggy Carter, la soldado que asiste a Steve Rogers en su conversión en el Capitán América durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando acaba la guerra, Peggy entra a trabajar en la antecesora de SHIELD, y aunque no tiene superpoderes, su capacidad para resolver todo tipo de asuntos la sitúa a la altura de superheroínas más típicas. Carter es una mujer en un mundo de hombres, y sabe cómo hacerse valer.

- "Alphas": En las series de personas con habilidades especiales que no están adscritas a ningún universo de cómic, las dos temporadas de este título de Syfy figuran entre las más entretenidas e interesantes. La inspiración de la Patrulla X era clara (Zak Penn, uno de sus creadores, había sido guionista de sus primeras películas) porque sus protagonistas trabajaban en un grupo que buscaba otros "alfas" para controlarlos. Pero, como era inevitable, había otros intereses contradictorios por allí.

- "Héroes" T1:  La primera temporada de "Héroes" es una representación fresca de la clásica historia de la gente normal que, un día, desarrolla habilidades especiales. La animadora inmortal, el pintor que puede ver el futuro, el chaval que viaja en el tiempo, el político que puede volar, el villano que quiere apropiarse de todos sus poderes... Todos ellos resultaban entretenidos de seguir, y lo era también averiguar quiénes los buscaban con tanto ahínco. Pero el final de la primera temporada fue también una señal de que aquello no podía sostenerse mucho más.

- "Supergirl": Es de las pocas superheroínas que protagoniza su propia serie, y probablemente debe ser la más optimista de todas. La prima de Superman está aprendiendo a ser una mejor persona, y una mejor heroína, y lo hace en una divertida combinación de su vida "civil" con sus misiones para el DEO. Hay pocas series que transmitan más felicidad y, de paso, que estén colando unos comentarios sociales tan relevantes.

- "Daredevil" T1: El desembarco de Marvel en Netflix arrancó con la conversión de Matt Murdock, abogado ciego de Nueva York, en el Hombre sin Miedo, el justiciero vestido de rojo que, en la primera temporada, se enfrentaba a Wilson Fisk, un villano que estaba convencido de que estaba haciendo lo mejor para recuperar Hell's Kitchen. Ese enfrentamiento, disfrazado de historia policiaca callejera, es lo que eleva esta entrega por encima de una segunda temporada menos efectiva.

- "Jessica Jones": Los superhéroes pueden utilizarse para hablar de la importancia del consentimiento, la autonomía y de lo difícil que es salir de una relación abusiva. Eso es lo que hace la lucha de Jessica contra Kilgrave. Los códigos de las historias de detectives privados son perfectos para el retrato de esta joven que no quiere usar unos poderes que nunca pidió, pero que tampoco puede quedarse de brazos cruzados ante alguien en peligro.

Se puede añadir como bonus "El gran héroe americano", una comedia familiar y ligera que sólo duró una dos temporadas en los 80, y en la que su protagonista recibía un traje con superpoderes de parte de unos extraterrestres. Que no todo va a ser oscuridad nolaniana.

15 enero 2017

La amortización de la segunda temporada


En HBO, es muy raro que una serie sea cancelada en la primera temporada. Lo mismo pasa en Netflix, y por razones similares, y lo que era una característica de cadenas de cable premium o de plataformas de streaming se está extendiendo cada vez a más lugares. En ambos casos, la renovación por una segunda temporada se da para amortizar la inversión y para confiar en que el público descubrirá la serie durante el hiato, y se subirá al carro cuando lleguen los nuevos episodios. En el cable, es habitual (y lo era ya antes) que las series ganen audiencia de temporada en temporada, mientras los servicios de VOD como Netflix, con sus lanzamientos de toda la temporada de golpe, son conscientes de que a algunos títulos les cuesta encontrar su público un poco más que otros.

El pasado otoño se publicó un estudio extraoficial sobre los comportamientos de los usuarios de Netflix cuando la plataforma lanzaba una nueva temporada. Dicho estudio descubría que se daba un efecto de puesta al día con las entregas anteriores de la serie en concreto: si "Orange is the new black" estrena nuevas temporadas en junio, en ese mes es normal que las anteriores sean de lo más maratoneado en Netflix, porque los espectadores quieren refrescar su memoria o porque quieren subirse al carro de esa serie, y prefieren hacerlo desde el principio. "Daredevil" puede, probablemente, acumular buena parte de sus visionados en la primera semana de su lanzamiento, pero títulos como "Sense8" tardan más en aparecer en el radar de algunos espectadores. Si la renuevas por una segunda temporada, le concedes una mayor oportunidad de que su público la descubra.

Esta estrategia, por ejemplo, puede estar detrás de la renovación de "Buena conducta" en TNT. Sus audiencias no han sido especialmente destacables, pero las críticas no han sido malas y, sobre todo, se ha destacado mucho el trabajo de Michelle Dockery en ella (The AV Club la incluyó entre las 35 mejores interpretaciones en televisión de 2016). La cadena puede confiar en que haya cierto efecto boca-oreja y más espectadores decidan darle una oportunidad antes de que llegue esa segunda entrega. Es una táctica que no siempre funciona, pero teniendo en cuenta lo que ha cambiado el panorama televisivo para decidir qué se renueva y qué se cancela, a veces merece la pena arriesgarse con ella.

Por supuesto, también es una estrategia de paciencia que no es infinita. Si Netflix, por ejemplo, cancela una serie tras su segunda temporada es porque, casi seguramente, no ha ganado nuevos espectadores (como "Marco Polo"), y si HBO echa el cierre tras sólo la primera, es porque el fracaso (crítico, generalmente) es monumental. Pero la oportunidad de amortizar la serie, de probar si todo lo que se ha invertido en sacarla adelante se acaba rentabilizando, no se quiere desaprovechar si surge. Si The CW sigue renovando "Crazy ex-girlfriend" no es sólo porque su productora sea CBS.

Música de la semana: Una serie cuya renovación está en el aire (y no pinta demasiado bien) es "Sweet/Vicious", la comedia negra de MTV que trata sobre las violaciones en las universidades estadounidenses. Su protagonista, Jules, estalla finalmente de todo su trauma reprimido gracias a "I wanna get better", de Bleachers (que tiene un videoclip dirigido por Lena Dunham).

13 enero 2017

Casi famosos (LII)

Bucear por los primeros trabajos de actores que ahora son muy conocidos (o grandes estrellas, directamente) siempre es divertido, porque no es raro descubrirlos en proyectos que, a priori, no parecen encajarles demasiado. Y como es viernes por la tarde, vamos a lanzarnos a una nueva entrega de los "casi famosos".

Las sitcom (y "Ley y orden") son un buen lugar para empezar tu carrera y conseguir tu tarjeta del SAG (el gremio de actores). Emma Stone, por ejemplo, encadenó unos cuantos episódicos en televisión (y un protagonista en la muy breve "Drive") antes de llamar la atención en "Supersalidos". Uno de esos episódicos fue en "Lucky Louie", la comedia que Louis CK creó para HBO, que que en su momento resultó un tremendo fracaso.

Esto es más una participación realmente sorprendente que un ejemplo de "casi famosa", porque Isabelle Huppert no necesitaba presentación cuando, en 2010, participó en un episodio de "Ley y orden: UVE", que nunca deja pasar la oportunidad de contar con los actores invitados de mayor renombre que pueda conseguir. En aquel capítulo de la 11ª temporada, titulado "Shattered", también estaba todavía Sharon Stone como una fiscal que había sido compañera en la policía del detective Stabler.

La próxima película de la Liga de la Justicia ha familiarizado a una importante parte del público con Aquaman, rey de la Atlántida, que está interpretado por Jason Momoa. Lo divertido del asunto es que la extinta The WB consideró, hace una década, desarrollar una serie sobre la juventud de ese personaje, aprovechando el éxito que tenía "Smallville". El elegido para ser Aquaman fue Justin Hartley, que en aquella serie tenía el papel recurrente de Oliver "Flecha Verde" Queen, y que ahora forma parte del gran fenómeno del otoño en la televisión estdaounidense, "This is us". Se llegó a rodar un piloto, pero la serie nunca salió adelante. Y sí, el vestuario del superhéroe no iba a ser muy diferente de un vigilante de la playa.

Tema marítimo tenía también "To the ends of the Earth", la miniserie que Benedict Cumberbatch protagonizó, en 2005, junto a Jared Harris y Sam Neill, basada en unas novelas sobre un barco que lleva emigrantes a Australia. A Cumberbatch le faltaba todavía casi una década para que "Sherlock" lo lanzara al estrellato.

Justina Machado es la protagonista de "Día a día", un papel que le ha tocado ya con una larga carrera a sus espaldas. Muchos espectadores la conocen por ser la mujer de Rico en "A dos metros bajo tierra", pero antes de recalar en ese drama familiar ya había tenido un papel recurrente en, por ejemplo, "Urgencias", otra por la que medio Hollywood pasó como actor invitado antes de hacerse conocido.