29 enero 2017

Por la seguridad nacional


ALERTA SPOILERS: Si no habéis visto los dos primeros episodios de la sexta temporada de "Homeland", es mejor que no sigáis leyendo.

La amenaza de un golpe de estado interno en Estados Unidos era uno de los asuntos favoritos de unos cuantos thrillers políticos de los 60 y los 70. "Siete días de mayo" es uno de los más evidentes: varios generales conspiran para derrocar al presidente porque está a favor del desarme nuclear, y ellos creen que los deja expuestos a un ataque de la URSS. La trama que introduce "Homeland" al principio de su sexta temporada con la nueva presidenta, recién elegida, y los temores que la CIA y el ejército tienen sobre ella, parece estar influida directamente por esa película de John Frankenheimer. Esas reuniones clandestinas de Dar Adal, ¿están planteando la posibilidad de un golpe de estado encubierto?

Al mismo tiempo, tenemos a Carrie Mathison que, aunque está asesorando en secreto a la nueva presidenta en temas de inteligencia, trabaja realmente en un bufete de abogados que se dedica a ayudar a personas que han sido arrestadas con cargos de riesgo para la seguridad nacional. Carrie es cada vez más crítica con la estrategia de Estados Unidos y, especialmente, de la CIA para luchar contra el terrorismo integrista, y traslada esas críticas a un trabajo en el que ve a personas que acaban detenidas más por ser demasiado ingenuas que por tener realmente conexiones terroristas. Su nuevo cliente es un chico que tiene una página web en la que critica a Estados Unidos y ensalza a sus enemigos, y cuyo padre fue deportado de vuelta a Nigeria catorce años atrás.

De momento, parece que ambas tramas están separadas, pero es de esperar que acaben confluyendo. Sobre todo porque empiezan a pintar un panorama con el que "Homeland", si decide adentrarse por ahí, puede estar criticando justo esa política anti-terrorista de Estados Unidos, que parece una extrapolación directa de la denominada "guerra contra las drogas": detén a cualquiera con las conexiones más indirectas con cualquier cosa mínimanente relacionada con el fundamentalismo islámico. Y no cambies dicha política, porque se ha creado toda una industria de compañías privadas de seguridad a su alrededor.

Todavía es pronto para saber si la serie va a acabar yendo por ahí, pero es un punto de partida muy interesante. Mientras tanto, Carrie sigue queriendo que Saul Berenson y la CIA la dejen en paz, y Saul sigue sin fiarse de que ella haya abandonado del todo ese mundo. Lo que ella hace es trasladar su modo de operación cuando trabajaba para la agencia al bufete, porque Carrie no puede dejar de ser Carrie. Si cree que se está produciendo una injusticia, que hay algo que nadie más está viendo, no va a parar hasta resolverlo. Y tampoco a dejar en la estacada a un Quinn que debería estar muerto, y que no acepta demasiado bien seguir vivo.

Música de la semana: Como no podía ser de otra manera en una serie de The CW, el primer episodio de "Riverdale" está repleto de canciones de los grupos más a la última. La que cierra el capítulo es otra favorita de "American Horror Story" y encaja perfectamente con la atmósfera que se le quiere dar a la serie. Es "The passenger", de la banda berlinesa de electropop Hunter as a Horse.
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